lunes, 25 de julio de 2011

Fundamentalismo, democracia y cristianismo.
José Roberto Hernández Fuentes.

La tragedia ocurrida en Oslo, Noruega este pasado viernes 22 de julio, además de ser dolorosa y triste para quienes anhelamos un mundo pacífico, respetuoso, tolerante y democrático, representa una vez más el grave problema de los fundamentalismos ideológicos que enfrenta hoy en día la humanidad. Noruega, un país caracterizado precisamente por contar con una sociedad pacífica en donde inclusive se otorga el tan afamado Premio Nobel de la Paz, fue duramente sacudido por dos atentados terroristas planeados y llevados a cabo por un mismo hombre, quien debido a sus creencias religiosas y políticas ubicadas en la derecha radical, considera como un grave problema para los intereses de su nación y de Europa en general, la apertura hacia la migración internacional, específicamente la migración musulmana. Tratando, según él, de impulsar una nueva cruzada entre cristianos y musulmanes. Nada más arcaico y estancado en el pensamiento de un pseudo-humano que esto, y en pleno siglo XXI.
   
Con la muerte de personajes atroces como Hitler, Mussolini, Stalin, Pol Pot entre otros, o bien de instituciones como la santa inquisición, parecería haber quedado enterrada cualquier forma de pensamiento o ideología de corte fundamentalista o dogmática sea de izquierda o derecha, pero cada vez más nos damos cuenta de que esto no es así. Lamentablemente aún quedan considerables residuos de estas formas radicales de ideología política y religiosa en el mundo. Esto constituye un reto más para la democracia y sus valores políticos y culturales. Actos como el señalado sólo deben impulsar a los gobiernos para tomar medidas más contundentes que refuercen y consoliden los sistemas democráticos, principalmente en cada una de las instituciones que los componen. Los fundamentalismos aún existentes reflejan las debilidades axiológicas e institucionales que todavía tiene la democracia, por lo que son una constante alarma para la seguridad nacional de muchos países democráticos. Pero, ante problemas como este ¿cuáles son las medidas que deben de tomar las diversas sociedades democráticas para evitar o prevenir estos lamentables sucesos? En lo personal creo que no hay mejor alternativa que la reivindicación de una educación cuyos pilares sean los valores democráticos, iniciando con la disponibilidad para el diálogo entre personas de diferente idiosincrasia o perspectiva de vida, el respeto, la tolerancia, y sobre todo la voluntad de llegar a acuerdos. Desde luego la tarea no es sencilla, pero existe la obligación de realizarla con urgencia.

La formación de ciudadanos democratizados constituye un arsenal ético-moral que acabaría con cualquier forma de fundamentalismos. Sin embargo, debemos tener en cuenta que esa formación ciudadana no sólo corresponde a una tarea exclusiva de los gobiernos, sino también a cada una de las demás instituciones sociales, principalmente a la familia, las instituciones escolares y los medios de comunicación. Es ahí donde, en primera instancia, deben abrirse los espacios para el diálogo y fomentarse el respeto y la tolerancia hacia al otro que “fundamentalmente” es tan humano como cualquier otro. En la familia, y me refiero a las diversas conformaciones familiares existentes hoy en día, el diálogo abierto entre cada uno de los miembros sobre cualquier tópico es esencial para que el proceso de socialización arraigue principios democráticos; las escuelas en sus diferentes niveles educativos tienen la obligación de aplicar programas educacionales sustentados en un sistema de enseñanza-aprendizaje democratizado, que permita el diálogo constante, respetuoso y tolerante, así como la apertura total hacia el conocimiento de la riqueza que hay en la ineluctable diversidad humana. Por su parte, los medios de comunicación deben de tomar un rol no solamente informativo, sino también crítico y propositivo, denostando cualquier forma de expresión antidemocrática y previendo por una comunicación social democratizada.

Por último, una de las instituciones trascendentales que debe hacer conciencia sobre los terribles peligros del fundamentalismo es la religión, y me refiero en esta ocasión al cristianismo en todas sus vertientes. Dentro del cristianismo, los fundamentalismos son irónicamente una traición al mismo cristianismo, a sus principios básicos, por decirlo más específicamente a los mandamientos que de ahí provienen. Esta corriente religiosa no debe de permitir que bajo sus presuntos dogmas se lleven a cabo este tipo de actos inhumanos. Por lo tanto, debe reforzar en la palabra los pilares que fundamentan el verdadero cristianismo, que lo hacen plural y abierto para todo el mundo, no sólo para un cierto segmento de la humanidad que dice tener ciertos rasgos y cualidades distintivas. El amor al prójimo debe ser interpretado y explicado en su total dimensión a los que se dicen cristianos. Los principales transmisores del cristianismo tienen que aprender de estos sucesos lamentables en donde la religión es un factor decisivo, y sobre todo, hacerse a la tarea de difundir en su dimensión social, política y cultural ese claro principio cristiano que representa el amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Y esa interpretación y explicación de la que hablo y exijo del cristianismo y sus vertientes, tiene que comenzar estableciendo que ese prójimo al que debemos amar como a nosotros mismos es esencialmente diverso, y no solamente en el aspecto biológico y genético, sino también, y más importante aún, en su procedencia cultural como en su ideología política y su posición social. Juzgar al otro y atentar contra él por lo que es y por lo que lo distingue, es una errónea y “fundamentalmente” mala interpretación del cristianismo, que atenta al mismo tiempo contra sus principales propósitos: el amor y la paz mundial.             





sábado, 23 de julio de 2011

El próximo presidente o presidenta de México
Samuel F. Velarde

Que situación tan compleja la de los mexicanos (por hablar de nosotros) que casi al final de cada sexenio hacemos miles de conjeturas de qué tipo de presidente necesitamos, desde que recuerdo (pues viví el autoritarismo del PRI) siempre el pueblo mexicano tuvo ciertas esperanzas en Díaz Ordaz, Echeverría, López Portillo, Miguel de la Madrid, Salinas y Zedillo, pero cuando el PRI falló y vino la democracia formal, también se esperó mucho de Fox y Calderón. Pero los resultados…aquí están.

Sin embargo, aún esperamos un presidente o presidenta de la república que no construya crisis, ni incertidumbre social, menos asesinatos y muertes producto de una estructura sociopolítica mal diseñada, o sin el consenso sectorial. Lo que realmente necesitamos es un presidente institucional y valiente, con un creíble y verdadero proyecto económico de inclusión y despegue económico, que combata a la impunidad sin distinción. Luego la pobreza lacerante y vergonzosa de México, aunada a la corrupción y violencia, son factores que por si mismos incrementan una nación con escaso futuro y con muchas posibilidades de fomentar más violencia y caos. Es importante asimismo, una economía generadora de calidad de vida y seguridad para los ciudadanos, donde la democracia sea palpable y así producir ciudadanos que puedan consumir lo necesario para tener una calidad de vida y por qué no, capacidad de ahorro. Esto por supuesto, tendría que ver con una mejor distribución de la riqueza.

Pero ¿qué presidente o presidenta podrá asumir, negociar o castigar con congruencia a los poderes fácticos, respetar el equilibrio de poderes, construir un Estado de derecho real, disciplinar a las mafias políticas regionales y combatir a la delincuencia sin "daños colaterales", pero con un apoyo social. Es decir empujando una democracia real y no meramente formal y retórica? ¿Ocurrencias mías o necesidades reales? usted juzgue.

Para terminar, ¿Que hombre o mujer podrá dirigir y luchar por un país realmente seguro y democrático? Si no los hay creámoslos, ¿Cómo? exigiendo, luchando, protestando, politizándonos, afianzando a una sociedad civil, sobre todo a los jóvenes, que siento, están aletargados, confundidos. Entonces si cualquier candidato o candidata logra establecer estas variables, podrá encauzar un mejor país. Creo es hora de reflexionar que  nos merecemos un país consolidado y bondadoso.





lunes, 11 de julio de 2011

México, campeón del mundo: futbol y sociedad.
José Roberto Hernández Fuentes.

A la memoria de Juan Morales Arriaga, excelente amigo, pero sobretodo un hombre justo, honesto y de gran corazón. QPD.

La selección mexicana de fútbol categoría sub-17, es decir, jóvenes de dieciséis y diecisiete años han salido como campeones del torneo mundial celebrado en este país. Pero no sólo se celebra el éxito obtenido, sino la manera en que se logró, motivo por el cual se han abarrotado las plazas públicas de diferentes ciudades mexicanas para festejar el triunfo.

En lo deportivo son varios los puntos a destacar dentro del desempeño futbolístico de esta selección: la táctica planteada por el director técnico, la formación que se utilizó, los cambios de jugadores en el momento oportuno, los ajustes realizados, entre otros aspectos que sólo conciernen al futbol de pizarrón. Sin embrago, lo que a mi parecer llevó a este grupo de jugadores a conseguir el resultado que hoy todos conocemos, fueron cinco principios fundamentes dentro del trabajo de equipo: disciplina, paciencia, comunicación, compromiso y voluntad. Estos cinco pilares del trabajo en conjunto, además del talento individual de cada uno de los chicos, son los que verdaderamente propiciaron esta victoria que hoy celebramos eufóricamente.

Hay que puntualizar que lo que hoy se vivió en el majestuoso estadio Azteca corresponde a un episodio histórico del futbol mexicano, inclusive del deporte en México. En el palmarés de la selección mexicana, en sus diversas categorías, sólo encontramos dos títulos de campeonato mundial, ambos ganados en la categoría sub-17, el primero en el año 2005 y el segundo es éste que recién estamos disfrutando en pleno 2011. La diferencia entre estos dos triunfos radica en que en esta ocasión el equipo mexicano se llevó la victoria en cada uno de los encuentros que disputó, situación que nunca había ocurrido en la historia del balompié nacional, venciendo a rivales de la talla de potencias futbolísticas como Holanda, Francia, Alemania y por supuesto Uruguay con quien se jugó la final de este torneo. Realmente histórico para el futbol mexicano lo acontecido la tarde del 10 de julio en el “Coloso de Santa Úrsula”.  

Por otro lado, una afición mexicana entregada al fútbol y que reclama mayores satisfacciones deportivas, hoy es complacida por segunda ocasión gracias al esfuerzo y dedicación de un grupo de jóvenes entusiastas que jugaron muy bien al futbol, de manera libre, limpia y sin ningún tipo de presión. Ahora lo que sigue es procesar este campeonato mundial, que los clubes de cada uno de estos jugadores que hoy están viviendo un sueño, realmente se comprometan a llevarlos con la cautela debida, pulirlos como futbolistas y por supuesto darles la oportunidad que se merecen como profesionales de este deporte. Algunos emigraran al futbol europeo, otros se quedaran, pero lo importante es que hagan valer su status como campeones del mundo durante el transcurso de su carrera.

Impresionante la algarabía que el futbol provoca en los mexicanos, un deporte que ha sido exacerbadamente mediatizado y que particularmente a nivel selección ha creado demasiadas expectativas que en muchas ocasiones no tienen fundamento real, sino mera ficción o apariencia generada por lo medios, principalmente el duopolio Televisa y TvAzteca, situación que ha causado muchas decepciones a la afición. Un deporte que se ha visto envuelto en una serie de problemas que sólo perjudican considerablemente la ya de por sí dañada imagen del futbol mexicano, que pocos logros son los que puede presumir, pero que continúa con un apoyo que a veces parece irracional por parte de la afición mexicana.

Es indudable que el fútbol representa un elemento muy significativo dentro de la cultura popular mexicana, capaz de hacer vibrar a miles de personas, de crear sentimientos radicales de tristeza y alegría en el aficionado, y hasta de elevar las manifestaciones de nacionalismo, que no son capaces de lograr otro tipo de acontecimientos culturales, y ni siquiera políticos (atrae más un partido de fútbol que un debate entre candidatos a cargos públicos). Sería entonces importante tratar de conectar esa pasión por el país que se vive durante noventa minutos con la cotidianidad de la vida en México, es el argumento o la reflexión que hacen algunos analistas a propósito de la coyuntura nacional. Pero esa pasión que se presume del aficionado mexicano y que muchos quisieran que se reflejara en el día a día en México, sólo se vive desde el graderío, a la distancia, sin entrar en contacto con el balón, sin tener la responsabilidad real, sin estar dentro de la cancha, sin jugar. Quizá sea verdaderamente esa la manera en que los mexicanos estamos enfrentando la problemática actual, a la distancia, sin tomar las debidas responsabilidades como ciudadanos, sin comprometernos en la lucha, sin actuar. Por lo que yo propondría ser más jugadores que aficionados, es decir jugar, actuar, no sólo gritar y criticar. Tomemos esto con calma, disfrutémoslo como lo que es, un éxito deportivo, y sepamos separar una cosa de la otra. El fútbol mexicano sólo representa una válvula de escape para una sociedad hostigada por los problemas sociopolíticos y socioeconómicos, una válvula que a veces se abre y a veces se cierra, pero que nada tiene que ver con la actitud que los mexicanos muestran como ciudadanos y como personas. México es campeón mundial de fútbol sub-17 y un amigo muere abatido a balazos por unos “ciudadanos” mexicanos que se dedican a la extorsión.
   
A pesar de todo, cabe destacar que este es un buen acontecimiento para la sociedad mexicana, sobretodo para olvidar, al menos por un momento, la imagen que se le ha atribuido por el crimen y la violencia desatados. Bien entonces por el deporte mexicano, bien por los jóvenes deportistas, y bien por los valores que esta selección de futbol demostró en el terreno de juego, en la competencia deportiva, dándonos un ejemplo de trabajo en equipo, una lección de comportamiento colectivo y por supuesto el mensaje claro de que los mexicanos somos capaces de salir avante victoriosos.                   

miércoles, 8 de junio de 2011

La caravana por la paz en Ciudad Juárez                                                 

Samuel F. Velarde

La caravana por la paz dirigida por el periodista y poeta Javier Sicilia, tiene una fuerte carga emocional, se trata de un connotado periodista de la revista Proceso que sufre en carne propia lo que es la violencia en este país, a raíz del asesinato de su hijo. Nadie puede reprocharle a un padre de familia una reacción de este tipo, sin embargo la diferencia con otros padres de familia, es que Javier Sicilia no es un hombre común (por fortuna), de entrada como periodista es una persona reconocida, con ese poder que da una pluma reflexiva y con esa influencia que le otorga formar parte de una elite intelectual, asume una posición contestataria y pacífica. Pero no hay que dejar a un lado su valentía y talante, para montarse en una lucha la verdad peligrosa.

Desde un punto de vista sociológico, la caravana representa una forma de protesta contra un sistema que no ha podido solucionar la violencia, más que con más violencia, una manifestación que obviamente reúne primero a las víctimas de la violencia y después a los que por fortuna aun no nos ha llegado, pero que somos susceptibles de observarla de cerca o padecerla, sin embargo en términos generales, es una de tantas reacciones de una sociedad cansada, fatigada de saber que el epicentro de nuestra crisis moral como país, es la violencia.

Por supuesto que existen los apáticos, los temerosos, los incómodos con la situación pero silenciosos, los que apoyan al régimen, pero en lo más profundo de su corazón repudian la política de enfrentamiento. Donde un Estado de derecho está ausente en la nación, o se pre-fabrica desde el poder con discursos y cifras de droga incautada.

Es cierto que la caravana por la paz no logrará eso: la paz, pero también es cierto que la sociedad comienza a participar y manifestar sus ideas, porque también es muy malo que únicamente sea una vil espectadora o carne de cañón de tiempos electorales, finalmente la sociedad ha demostrado lo que puede lograr cuando se organiza y sale a las calles, incluso como derecho constitucional. ¡¡En hora buena la caravana por la paz¡¡¡

martes, 7 de junio de 2011

Presentación de libro en Acapulco, Guerrero,

Felicidades al Mtro. Ernesto Ortiz Diego, colaborador de este Blog,  por comentar el libro "Represión y rebelión en México" de Enrique Condés Lara.

viernes, 3 de junio de 2011

LUIS  ALTHUSSER Y                                                    
                                                                                                            
LOS APARATOS IDEOLÓGICOS DE ESTADO

Ernesto Ortiz Diego

Filósofo marxista-leninista, militante del Partido Comunista de Francia en 1948, donde pronto se enfrentó a la oligarquía del partido, provocando la ruptura a finales de los años 70. Desafió a la filosofía como práctica ideológica, desarrollando la idea de Gramsci, de que esta era la lucha de clases en el campo de la teoría. Estableciendo también su relación con la ciencia. Son las masas en la lucha de clases las que construyen la historia y por tanto la ciencia y la filosofía.
Difícil tarea la de redactar en unas cuantas líneas, una enorme biografía humana como la del filósofo francés Louis Althusser. Nació en Birmandreis, Argelia, el 16 de octubre de 1918, de familia alsaciana. Sus primeros estudios los hizo en Argel y, a los doce años, se establece en Francia. Estudia el bachillerato en Marsella y Lyon. En 1939 se inscribió en la Escuela Normal Superior de París (ENSP), pero la Segunda Guerra Mundial interrumpió sus estudios. Prisionero de los alemanes de Hitler, pasó cinco años en un campo de concentración nazi (Schieswig), terminada la SGM, concluye sus estudios en la ENSP, prepara su tesis sobre Hegel, posteriormente, a su alma Mater le daría un enorme prestigio como profesor de filosofía.
El pensamiento de Althusser fue diverso, tuvo una enorme influencia en la filosofía, la sociología, la historia, la comunicación, la antropología y la crítica literaria. En la década del 60 del siglo pasado, dos de sus obras: Para leer el Capital y la Filosofía como arma de la revolución, le dieron una enorme proyección en el campo del estructuralismo, situándose como uno de los más importantes filósofos entre la élite intelectual francesa.
Entre sus libros más importantes se pueden citar, además de los dos ya citados; el primero de sus libros fue Montesquieu: la política y la historia (1959); Ideología y Aparatos Ideológicos de Estado (1970); Curso de filosofía para científicos (1967); Lenin y la filosofía (1969); Para una crítica de la práctica teórica: Respuesta a John Lewis (1973); Elementos de autocrítica (1974) y Posiciones (1976), su último libro. Cada libro produjo un escándalo y controversias entre los intelectuales de su tiempo.
En 1980 asesinó a su esposa Hêléne estrangulándola, fue internado en un hospital psiquiátrico y encarcelado, donde recibió la visita de dos filósofos franceses muy famosos, Michael Foucault y Jacques Derrida. Althusser fue procesado, quedando en libertad porque tres especialistas dictaminaron que el filósofo había asesinado a su mujer en un acto de locura. Falleció el 22 de octubre de 1990, de insuficiencia cardíaca.
Origen del concepto de Estado
Antes de filosofar sobre los Aparatos Ideológicos de Estado, debemos conocer brevemente el concepto de Estado. En los Diálogos de Platón, se narra la estructura del Estado ideal, pero es Maquiavelo quien introdujo la palabra Estado en su célebre obra El Príncipe (1513): usando el término de la lengua italiana “Stato”, evolución de la palabra “Status” del idioma italiano.
Maquiavelo escribe en El Príncipe: “Los Estados y soberanías que han tenido y tienen autoridad sobre los hombres, fueron y son, o repúblicas o principados”.
Teoría Marxista del Estado
Lo esencial de la teoría marxista del Estado, desde que Marx desarrolló su teoría sobre el Estado en sus libros: El 18 Brumario de Luis Bonaparte y las Luchas de clases en Francia, Marx distinguió el aparato de Estado y el poder del Estado.
La distinción de Marx entre el poder de Estado y el aparato de Estado, es la parte esencial de la teoría marxista del Estado. El poder de Estado, es la toma y conservación del Estado. Toda la lucha de las clases gira alrededor del Estado. El aparato de Estado, es en la teoría de los clásicos del marxismo, el Aparato Represivo del Estado (ARE). El aparato de Estado después de las revoluciones puede seguir de pie, como sucedió en la revolución social de 1917 en la Rusia zarista, que encabezó Lenin, gran parte del aparato de Estado seguía de pie, hasta que Lenin lo destruyó totalmente. Otro ejemplo, fue el caso de la primera etapa de la revolución mexicana de 1910, don Francisco I. Madero dejó intacto el viejo aparato de Estado porfirista, y le costó la vida en manos de Victoriano Huerta en 1913.
Un resumen muy apretado de la teoría marxista del Estado sería: 1) el Estado es el aparato represivo del Estado; 2) se debe distinguir entre poder de Estado y el aparato de Estado; 3) el objetivo de la lucha de clases concierne al poder de Estado y, en consecuencia, a la utilización del aparato de Estado y 4) el proletariado debe tomar el poder de Estado completamente diferente, proletario, y elaborar en las etapas posteriores un proceso radical, el de la destrucción del Estado (fin del poder de Estado y de todo aparato de Estado).
Sin embargo, la teoría marxista del Estado, hasta aquí es descriptiva, por eso Althusser le agrega a la teoría de Marx, su teoría de los Aparatos Ideológicos de Estado.
Gramsci y el Estado
El referente teórico más cercano de Althusser en el análisis de la ideología, fue Antonio Gramsci, filósofo y crítico literario de Italia. Un marxista original, que no se concretó a repetir las ideas del marxismo clásico. Gramsci fue el primero en afirmar que el Estado no se reduce al Aparato Represivo del Estado (ARE), sino que comprende, cierto número de instituciones de la “sociedad civil”: las iglesias, las escuelas, los sindicatos, entre otras instituciones, desafortunadamente, el fundador del Partido Comunista Italiano (PCI), no le alcanzó su vida para sistematizar sus instituciones en los Cuadernos de la Cárcel, pues al salir de las cárceles del fascismo de Mussolini, muere en 1937.
Para poder realizar una aproximación a la sociedad capitalista más ajustada a lo que ésta es en realidad, Gramsci, acude a un concepto: el “Bloque Histórico”, es decir, la unidad de la estructura y la superestructura, la economía, la política y la cultura.
Gramsci desarrolla un sencillo esquema para decir qué es el Estado: sociedad política+sociedad civil=Estado.
Los aparatos ideológicos de Estado
Para avanzar la teoría de Estado, Althusser señala que no basta la distinción poder de Estado y aparato de Estado, sino también otra realidad que se manifiesta junto al ARE, pero que no debe confundirse con éste, lo que el filósofo le llamó Aparato Ideológico de Estado (AIE).

Althusser recomienda no confundir el Aparato Represivo del Estado con los Aparatos Ideológicos del Estado.
La teoría marxista señala que el Aparato de Estado (AE), comprende: el gobierno, la administración, el ejército, la policía, los tribunales, las prisiones, el derecho, etc., lo que ahora se llama Aparato Represivo del Estado (ARE), el cual funciona mediante la violencia.
Los Aparatos Ideológicos de Estado, escribe Althusser, son realidades, formadas por instituciones distintas y especialidades como son:
AIE religiosos (el sistema de las distintas iglesias).
AIE escolar (el sistema de las distintas “escuelas”, públicas y privadas).
AIE familiar
AIE jurídico
AIE político (el sistema político del cual forman parte los distintos partidos).
AIE sindical.
AIE de información (prensa, radio, TV, etc.).
AIE cultural (literatura, artes, deportes, etc.).
Althusser señala algunas diferencias entre el ARE y los AIE, el primero es unificado, proviene del dominio público y funciona mediante la violencia. Los segundos son dispersos, plurales y provienen en su mayoría del dominio privado ( iglesias, familia, periódicos, partidos políticos, etc.). Althusser advierte que no hay ARE ni AIE puramente represivos ni ideológicos; hay un doble funcionamiento, según sea el aparato, puede funcionar predominantemente con represión o con ideología, por ejemplo, la escuela y las iglesias, “adiestran” con métodos apropiados (sanciones, exclusiones, selección, etc.) no sólo a sus oficiantes sino a su grey.
Resumen de la teoría del ARE y los AIE, según Althusser:
1) Todos los aparatos de Estado funcionan mediante la represión y la ideología, con la diferencia de que el aparato (represivo) de Estado funciona masivamente con la represión como forma predominante, en tanto que los aparatos ideológicos de Estado funcionan masivamente con la ideología como forma predominante.
2) En tanto que el aparato (represivo) de Estado constituye un todo organizado cuyos diferentes miembros están centralizados bajo una unidad de mando –la de la política de lucha de clases aplicada por los representantes políticos de las clases dominantes que tiene el poder del Estado- los aparatos ideológicos de Estado son múltiples, distintos, “relativamente autónomos” y susceptibles de ofrecer un campo objetivo a contradicciones que, bajo formas unas veces limitadas, otras extremas, expresan los efectos de los choques entre la lucha de clases capitalista y la lucha de clases proletaria, así como sus formas subordinadas.
3) En tanto que la unidad del aparato (represivo) de Estado está asegurada por su organización centralizada y unificada bajo la dirección de representantes de las clases en el poder, que ejecutan la política de lucha de clases en el poder, la unidad entre los diferentes aparatos ideológicos de Estado está asegurada, muy a menudo en formas contradictorias, por la ideología dominante, la de clase dominante.
Todos los Aparatos Ideológicos de Estado, sean cuales fueren, concurren al mismo resultado, la reproducción de las relaciones de producción, es decir, las relaciones capitalistas de explotación, cada uno de ellos concurren a ese resultado único de la manera de que le es propia.
Finalmente, la expresión “ideología” fue fundada por Cabanis, Destutt de Tracy y sus amigos, quienes le asignaron por objeto la teoría genética de las ideas. Marx y Engels retomaron el concepto de ideología, 50 años después en una sus obras de juventud, en el libro “Ideología alemana” (1845-1848), y le dieron un sentido distinto, es decir, las ideologías, no son simples ideas.
Por esta razón los AIE no son realizaciones de la ideología general, ni tampoco la realización sin conflictos de la ideología dominante. La ideología de la clase dominante no se convierte en dominante por gracia divina, ni en virtud de la simple toma del poder de Estado. Esta ideología es realizada, construida, y se convierte en dominante con la puesta en marcha de los AIE. Esta puesta en marcha no se hace sola, por el contrario, es objeto de una continua y muy dura lucha de clases: primero contras las antiguas clases dominantes y sus posiciones en los viejos y nuevos AIE, después contra la clase explotada.
Si es verdad que los AIE representan la toma en la cual la ideología de la clase dominante debe necesariamente medirse y enfrentarse, las ideologías no “nacen” en los AIE sino que son de las clases sociales tomadas en la lucha de clases de sus condiciones de existencia de sus prácticas, de su experiencia de lucha.
Como afirma Miriam Limoeiro Cardoso, socióloga brasileña, en su libro “La Ideología Dominante”, la ideología es una de las formas por las cuales las clases dominantes ejercen su poder sobre las clases subalternas.
Mi preocupación como oriundo de una entidad suriana como Guerrero, subdesarrollada, explotada, con alta inseguridad pública y sin empleos; con un grupo político mafioso y corrupto en el poder que se dice de “izquierda” y “socialista”; en realidad es ajeno a lo que dice ser, es un gobierno con una ideología dominante de la derecha del caviar, que cada vez más profundiza las desigualdades sociales, sin que haya una ligera esperanza de que haya equidad y justicia social.