miércoles, 28 de diciembre de 2011

TEORÍAS DEL DESORDEN Y DEL CAOS               



Ernesto Ortiz Diego

El sociólogo francés Georges Balandier es el representante de este enfoque de la teoría del desorden y del caos y de la sociología dinámica, orientado al estudio del cambio de los movimientos sociales y del futuro de las sociedades, busca dar respuesta a las preguntas de cómo, por qué y hacia dónde se encaminan las sociedades modernas.
Lo más significativo de Balandier es la reflexión que hace sobre el orden y el desorden. Señala que no hay un orden definitivo en los sistemas sociales, sino que existe siempre un desorden inherente al orden que amenaza permanentemente su desarrollo.
El gobierno de Ángel Aguirre, quien rentó las siglas del PRD, PMC y PT, ha caído en varios tipos de violencia como la provocada cuando las distintas corporaciones policíacas y el ejército asesinaron a dos estudiantes de Ayotzinapa el pasado 12 de diciembre: violencia catastrófica, porque cada vez se enreda más al tratar de inculpar a los estudiantes normalistas haciendo declaraciones absurdas a los medios informativos; violencia como instrumento político para eliminar a servidores públicos surgidos del PRD, para tratar de gobernar con viejos priistas como Humberto Salgado Gómez (secretario General de Gobierno), Raúl y Jorge Salgado Leyva (educación y finanzas), Jorge León Robledo, Silvia Romero Suárez (educación), Porfirio Camarena Castro (coordinación de asesores), es decir, los puestos más importantes donde se manejan las finanzas, la política y la educación; para el año entrante vendrán otras bajas en Desarrollo Social, Salud y la subsecretaría de Asuntos Políticos.
Balandier señala que el poder está sometido a constantes amenazas: “la de la verdad, que hace añicos la cortina de sus apariencias; la de la sospecha, que le obliga a revigorizarse periódicamente. Su alarde es la dramatización, que alcanza su mayor intensidad durante los periodos de vacío de poder como el que se está viviendo en Guerrero a raíz del conflicto del gobierno de Aguirre con la Escuela Normal Rural de Ayotinapa “Raúl Isidro Burgos”.
Los medios de información del gobierno de Aguirre: la dirección de Comunicación Social, Radio y Televisión de Guerrero y el grupo de pseudoperiodistas “chayoteros”, desatan una permanente y continua teatralidad de la politiquería de baja estofa y de muestran una incapacidad para calcular y dominar los efectos del espectáculo de la grilla de bajo nivel cultural.
Al mismo tiempo que las ideologías se debilitan, en situaciones de desorden y caos, aumenta el poderío de la opinión pública que apoya a los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. La opinión de la opinión pública termina por adquirir vida propia, cambia de forma, y queda disuelta la política en los mediático y en el espectáculo.
Balandier sugiere la necesidad de revaluar el concepto “desorden” e inicia la vía de la reflexión en esta dirección con el objeto de mostrar las múltiples vías de la relación orden-desorden-orden. Este planteamiento rompe con los esquemas estructuralistas de la determinación social y política; a partir de la observación del desorden en el seno de los partidos y del gobierno como ha estado ocurriendo con la relación gobierno de Aguirre-Ayotzinapa-movimientos sociales y en general en la sociedad civil podemos ampliar aún más esta reflexión.
Asimismo, el sociólogo Balandier, señala la necesidad de prestar atención a lo imprevisto en la política (como sucedió con el Caso Ayotzinapa), que de momento se recrudeció el 12 de diciembre con los asesinatos de los estudiantes, ya que en el sistema político existen zonas claras y zonas oscuras, estructuras muy formalizadas y no formalizadas que escapan al control gubernamental como sucedió con la policía federal y el ejército que escaparon del control del gobierno de Aguirre al disparar sus armas de alto poder contra los estudiantes desarmados.
Volveré con este mismo tema…


sociólogo (UIA), politólogo (IIEPA

miércoles, 14 de diciembre de 2011

La crisis de México: ¿económica y axiológica?                                 

Samuel F. Velarde

En los momentos actuales en que se gesta una crisis mundial financiera, relacionada con un capitalismo especulativo donde el mercado ha impuesto reglas del juego en ocasiones intolerables para las sociedades y donde el Estado en más de una ocasión, ha dejado de lado su función regulatoria, aunado a la incapacidad de las instituciones financieras de impedir con alto grado de seguridad la crisis como la griega,  nuestra crisis, se aprecia doblemente.
Primero, por la incapacidad del Estado en implementar políticas eficientes en relación con el empleo, la salud, la justicia y la educación, pilares fundamentales entre otros,  para sanear una estructura social. Donde los individuos puedan tener un escenario pleno de desarrollo y garantía sociales y que al enfrentarse a una crisis como la mencionada, existiera al menos un colchón de contención que impidiera un daño de mayor impacto entre la población. Sin embargo, las condiciones estructurales del país (aunque se pague la deuda a tiempo y lo macroeconómico sea el canto de los cisnes) no están para soportar una embestida como la esperada el próximo año.
Segundo, la debacle moral y política por la que atraviesa el País, una crisis no vista anteriormente donde se conjugan variables tales como la alta criminalidad, la impunidad, la corrupción, la crisis de valores inherentes a una sociedad que al perderlos, se da un vacio del entramado existencial o del ethos de los pueblos, por ende una pérdida de brújula y de objetivos como nación. Y a nuestro juicio esto ha permitido vulnerar más a México, en el sentido de que cada vez más su sociedad se ajusta y acostumbra a un clima de violencia y corrupción sin medida. Y lo más grave, donde se van dando generaciones de jóvenes sin una conciencia del ser mexicano, de compromiso hacia la patria o la nación, ni siquiera con un orgullo nacional basado en lo mejor de un país y si agregamos lo patético, el nacimiento de jóvenes asesinos, un lumpen producto de las circunstancias, de un sistema que desclasa y margina, que ofrece incluso la ocasión del gusto por matar.
Doblemente pues, la crisis del México actual se mueve a mi parecer en estos dos ejes. Ahora viene lo político, estamos a punto de entrar al umbral electoral, deteriorado por una clase política vanidosa, insistente en gobernar con las viejas pautas caciquiles y de dominación corporativa (incluido el PAN). Políticos que no pudieron cuajar una democracia más eficiente y justa, dejando a un lado los intereses nacionales por los partidistas. Justo ahora, en la crisis moral, los políticos no tienen la solución para salir de ella, al contrario, el fantasma de la corrupción y narcotráfico gira alrededor de ellos.
Finalmente ante la escatología del 2012, la crisis real se impone, habría que ver si la sociedad mexicana saca lo mejor de sí misma y exige sin miramientos un país mejor, o nos terminamos de hundir en un país de confusiones, mentiras, halagos míseros y conformismo, dándole el adiós, al México de nuestros sueños.

martes, 6 de diciembre de 2011

La izquierda mexicana y la reconstrucción de su imagen
José Roberto Hernández Fuentes

Hace poco más de dos semanas se llevó a cabo la presentación de los resultados de la encuesta que definiría al candidato de “las izquierdas” rumbo a los comicios electorales que se celebrarán en México el próximo año, dando como ganador en las preferencias de la población encuestada a Andrés Manuel López Obrador quien compitió con el actual Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubon. Ambos personajes notorios de la política nacional, ofrecieron un discurso en el cual se emplazaba a la unificación de las izquierdas, que pudiese conformar lo que hoy de se denomina como Frente Amplio Progresista. Se habló entonces de sanar las heridas internas que en los últimos años ha sufrido el principal partido representante de esta ideología política: el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Por lo cual, se exhortó a dejar atrás las divisiones y las diferencias que tanto han afectado políticamente la imagen de la izquierda en el país y sobre todo el éxito electoral del partido en cuestión.
No fue sino hasta ahora, con la virtual designación de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y la cabal y ejemplar postura política de Marcelo Ebrard al aceptar su derrota sin ningún tipo de resentimiento (ya que los resentimientos en la política son muy comunes), que “las izquierdas” han decidido conformar un solo bloque político rumbo a las elecciones federales del 2012. Con esta decisión, prácticamente tomada por Ebrard y AMLO, se pretende primeramente resarcir las grietas que han dejado los divisionismos internos a la principal fuerza política de izquierda en México, el PRD, además de consolidar una sola plataforma política en la que se concentren todas las propuestas provenientes de los partidos políticos y movimientos que manifiestan una inclinación hacia la izquierda del espectro político mexicano. Con esto, uno pensaría que se comienza la reconstrucción de la imagen de la izquierda en el país, y sin duda este sería el primer paso para tratar de recobrar la credibilidad de un electorado cada vez más suspicaz respecto a los movimientos y discursos de la clase política. Sin embargo, en los últimos días y como parte de los ajustes de precampaña que ha venido haciendo López Obrador se ha sumado y se pretende sumar a ciertos personajes de la política mexicana que en lugar de favorecer y fortalecer la imagen de la izquierda como alternativa política novedosa y eficiente, terminan por perjudicarla al contar con un historial político manchado por escándalos de corrupción e intrascendencia. Me refiero a la designación del senador por el Partido del Trabajo (PT) Ricardo Monreal Ávila como coordinador de la campaña de López Obrador rumbo a la presidencia de la república, así como la sorpresiva  invitación que AMLO le hiciera a Manuel Bartlett Díaz (tal cual lo afirmó este último en diversos medios) para competir por una senaduría representado a lo que se pretende consolidar como el Frente Amplio Progresista, es decir el bloque político de las izquierdas en México.
   Por un lado, el ahora senador Ricardo Monreal Ávila ex-gobernador del estado de Zacatecas ha sido relacionado con algunos hechos corruptos como lavado de dinero y sobre todo aquel escandaloso caso en el que se descubrieron varias toneladas de marihuana en las bodegas situadas en el rancho de uno de sus hermanos. En lo que concierne a Manuel Bartlett Díaz, este fue uno de los elementos clave del antiguo régimen antidemocrático priísta. Famoso por haber sido parte de aquella súbita “caída del sistema de cómputo” en el periodo electoral de 1988 cuando fungía como Secretario de Gobernación y al mismo tiempo presidía la extinta Comisión Federal Electoral, tal manipulación de los comicios dio como vencedor al polémico Carlos Salinas de Gortari sobre el infortunado Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Bartlett Díaz es un histórico miembro del Partido de la Revolución Institucional (PRI) que formó parte, de diversas maneras, del régimen autoritario y antidemocrático priísta.
     Más allá de que no se hayan encontrado elementos que responsabilizaran a Ricardo Monreal sobre las acusaciones de corrupción que se le han hecho y no verse involucrado directamente con lo sucedido en las bodegas de su hermano, así como el presunto distanciamiento que dice tener Bartlett Díaz con su partido por (según él) haberse alejado de la ideología de centro-izquierda que otrora lo caracterizaba, y que por ende ha sido “tentado” a acceder a la invitación hecha por el principal representante de la izquierda en México, el Frente Amplio Progresista como aglutinador de todos los partidos políticos y movimientos de izquierda en el país debe tener mayor cuidado y responsabilidad a la hora de incorporar y hacer invitaciones a ciertos personajes de la vida pública mexicana, sobre todo cuando de alguna u otra manera han sido señalados en casos y hechos de corrupción, ya que esto puede, si no es que lo hace, causar desconfianza en un electorado que seguramente estará más atento a lo que sucede con las alternativas políticas que se le presenten para los siguientes comicios federales. De esta manera, la suma de figuras políticas como las que acabamos de mencionar sólo dañaran la ya de por si dañada imagen de la izquierda mexicana, misma que recién empieza a reconstruirse.
    Por el contrario, Andrés Manuel López Obrador como el actual abanderado de esta ideología política en el país, debe de hacer un mayor esfuerzo por verdaderamente renovar a la izquierda mexicana, apuntalándola como una alternativa política incluyente, vinculada directamente con la ciudadanía, y así recurrir a la sociedad civil en busca de líderes sociales realmente comprometidos con sus comunidades, echar un vistazo al ámbito académico nacional donde seguramente encontrará excelentes prospectos para posibles asesores de su campaña, al mismo tiempo que busque rescatar la energía y el entusiasmo de los jóvenes mexicanos que pueden ser un verdadero motor de cambio para la sociedad mexicana. Se trata entonces de refrescar la imagen de la izquierda en México, de construirla en base a un verdadero espíritu progresista que sólo se encontrará en las trincheras ciudadanas, en las comunidades, en la juventud mexicana que anhela conocer una democracia más plena y realmente efectiva para la vida social y política de los mexicanos. Ese progresismo que pregona la izquierda tiene que ser congruente y no atascarse invitando e incorporando a sujetos con un pasado oscuro que sólo frenarán, consciente o inconscientemente, ese progreso. Si la izquierda mexicana quiere tener éxito en el próximo periodo electoral con López Obrador al frente, debe procurar, primordialmente, reconstruir su imagen dañada, llevando a cabo una limpieza interna e intentando conformar una alternativa política ampliamente legitimada por los diversos sectores sociales, lo cual sólo puede lograrse estableciendo un estrecho vínculo con la sociedad civil mexicana, donde prive el dialogo y la corresponsabilidad.  

martes, 22 de noviembre de 2011

ANDRÉS MANUEL Y EL MOVIMIENTO PROGRESISTA          

ERNESTO ORTIZ DIEGO

Esta singular propuesta de López Obrador deviene más que anecdótica porque, en buena medida, la viabilidad de su candidatura presidencial dependerá de su capacidad para reinventarse o por lo menos derribar los mitos, desmentir las leyendas negras, que arrastra desde la elección pasada.
En esa dirección parecen apuntar los cambios perceptibles desde hace semanas en el discurso de López Obrador, incluso en la agenda y en los territorios que pisa, algunos que parecían vedados.
Cambio de discurso. Hace semanas que el incendiario Señor López, el que mandaba al diablo a las instituciones, mudó de tono y adjetivos. El líder de los ocupa-Reforma ha adoptado un narrativa romántica que promueve la idea de una República amorosa: “Estoy pensando —amplió su idea en entrevista con Aristegui— en que debemos fortalecer los valores, el amor a las familias, al prójimo, a la patria, que eso es fundamental, un código moral; es llegar a la conclusión de que sólo siendo buenos podemos ser felices. Esto es.” Además, como lo ha dicho en distintos momentos, todos ellos recientes, se abstiene de ciertas palabras, se autocensura: “Ya me dijeron mis amigos, gente cercana, que no les gusta que diga ‘la mafia del poder’, por eso ahora voy a hablar de la ‘élite del poder’ o del ‘monopolio del poder’…”
Relación con los poderes fácticos. Dos hechos se pueden consignar como prueba de este giro. A principios del mes pasado, López Obrador celebró una reunión con empresarios en la mismísima sede de los grandes capitales y los big business, la industriosa y hoy violenta ciudad de Monterrey, donde se encontró, a puerta cerrada, con 40 hombres de negocios y sus esposas; asimismo, realizó una reunión mucho más amplia
—alrededor de mil asistentes— con empresarios y representantes de la sociedad neoleonesa, a quienes expuso su proyecto político. Cerró su gira por la Sultana del Norte con un encuentro, “a puerta cerrada” con más de 200 empresarios (y sus respectivas cónyuges) en el Club Hípico La Silla —propiedad de Alfonso Romo Garza, facilitador de estas reuniones.
El miércoles pasado, por la noche, luego de cinco años de guerra fría, de “cerco informativo”, de “compló mediático”, López Obrador volvió a los estudios de Televisa, al noticiero de Joaquín López-Dóriga, para fumar la pipa de la paz: “López Obrador manifestó que desea inaugurar una nueva etapa con los directivos y personal de Televisa, en la que ‘podamos darnos el beneficio de la duda, porque el país lo requiere, tiene que haber libertad plena para que el país salga adelante”
Gira internacional. No sólo fue el giro discursivo sino la breve gira por Estados Unidos y España para intentar demoler otro de los sambenitos con los que carga: su provincianismo, su renuencia o desconfianza a participar de la globalidad, a extender horizontes y miras. Hace meses AMLO inició su programa de viajero frecuente: en junio de este año viajó a Los Ángeles y poco antes a Sudamérica; el mes pasado visitó dos ciudades norteamericanas: Chicago, para encontrarse con la comunidad mexicana y organizar el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), y Washington, para dictar una conferencia magistral invitado por el Centro Internacional Woodrow Wilson y el “liberal” Foro Diálogo Interamericano. De ahí partió a Madrid, donde el 13 de octubre dictó una conferencia en la Fundación Ortega y Gasset.
Giros y giras… No podía ser de otra manera en un aspirante a disputar la Presidencia de la República, en un político que ha dado muestras de capacidad de sobrevivencia y que, a cinco años de su gran derrota, tiene enfrente una oportunidad y un reto mayúsculo: construir una candidatura viable, verosímil, comprable más allá de los incondicionales de siempre, allende los márgenes cada vez más estrechos del voto duro peje-perredista... Una candidatura que cale en el ánimo de esos segmentos en franca expansión de “clasemedieros” venidos a menos, de escépticos al discurso oficial de que la pobreza en México sólo existe en la narrativa de la izquierda, que tres salarios mínimos es la antesala al paraíso de la clase media (coche, casa, colegiatura y sky)…
No podía ser, quizás, de otra manera en quien sabe de Gobiernos legítimos, de Gabinetes imaginarios, de Repúblicas paralelas, de profecías que se cumplen a sí mismas, de errores fatales… Seis años después, en condiciones adversas, con altos “negativos” a cuestas y muy atrás en los sondeos, López Obrador vuelve por sus fueros. Aunque la meta es la misma, hoy la pregunta en torno a López Obrador es muy otra: ¿puede, tiene con qué remontar la enorme distancia que hoy lo separa del puntero? ¿Puede vencer a Peña Nieto?

politólogo y sociólogo (UIA)

jueves, 3 de noviembre de 2011

Breve análisis de las relaciones internacionales y América Latina                      

Samuel F. Velarde

En un mundo global la interdependencia entre los Estados, se vislumbra como una constante que lleva implícito una serie de mecanismos e instrumentos de cooperación, mediación, intercambio y dialogo entre otros, para fortalecer las interrelaciones de aquellos. La globalización del mundo ha llevado a que los Estados- nación tengan las posibilidades de un mejor acercamiento, gracias al intercambio comercial vía acciones de bilateralismo o multilateralismo, donde los tratados de libre comercio y las comunidades económicas se cristalizan acorde a las condiciones geopolíticas de las naciones.
Por otro lado, la tecnología factor primordial para dinamizar economías, ha permitido impulsar acuerdos y acercamientos entre los países que la poseen y quienes a través de otros productos necesitan llegar a ella. Es decir, el intercambio comercial gesta dicha posibilidad. En esta globalidad donde aparentemente existen las formas para que cada quien pueda acceder a ventajas, también concurren riesgos y complejidades que pueden obstaculizar las necesidades de sobrevivencia de los Estados. Así, los riesgos se asumen como aquellas eventualidades que en ocasiones escapan a los instrumentos de control implementados en esa interrelación global.
Si las fronteras comerciales se han abierto eventualmente y con relativa facilidad, también han sido traspasadas por acontecimientos que pueden vulnerar estas fronteras y a sus poblaciones. Me refiero a las enfermedades que en más de una ocasión, han desestabilizado el intercambio comercial y el flujo de personas, fue el caso de la gripe H1N1 en el 2009, que puso de manifiesto la necesidad de la cooperación internacional en este tenor, dejando claro que el mundo es compartible en oportunidades y riesgos. Por no hablar del peligro del terrorismo, el narcotráfico, trata de personas y el tráfico de armas, problemáticas muy presentes en este esquema global.
En esta breve perspectiva acerca de la globalización, es importante ubicar a América Latina en su dimensión geopolítica y económica. Geopolítica al estar compuesta por Estados demasiado heterogéneos en su composición sistémica o estructural, donde las diferencias institucionales se perciben claramente. Pero asimismo en su diversidad económica, que va desde un Brasil aeroespacial hasta un El Salvador con carencias estructurales o un México sumido en el terror del narcotráfico, o una Colombia que busca integrarse en la región Asia-Pacífico. Sin embargo, existen coincidencias económicas, culturales e históricas que pueden ser grandes ventajas de unión en una posible integración latinoamericana.
Así, bajo esta óptica internacionalista es preciso formar cuadros de especialistas con una profunda visión integral de la complejidad global, con el perfil necesario para analizar, observar, diseñar y tomar decisiones asertivas, para implementar estrategias y formatos de negociación internacional entre países, organismos y regiones. Igualmente impulsar los estudios sobre Asia-Pacífico, considerando que esta es una región de grandes potencialidades y oportunidades, enfatizando a Corea del Sur, como un modelo económico paradigmático. Pero de igual manera a China, Japón, Tailandia, Singapur y Vietnam. Países que reflejan cada cual, un importante modelo de esfuerzo económico y tecnológico.
Así, América Latina tiene un gran reto dentro de la teoría y práctica de las Relaciones Internacionales, empujar diálogos de integración y cooperación, pero también abordar nuestra región desde una perspectiva académica integral, donde surjan especialistas en nuestra realidad. Que puedan intercambiar información, experiencias, y así motivar a los gobiernos a realizar políticas internacionales con mayor asertividad, incluso formar un Centro Latinoamericano de Estudios Internacionales y Regionales, donde estudiantes latinoamericanos tuvieran la posibilidad de intercambiar experiencias y formarse bajo un óptica más regional. Por desgracia, muchos nichos académicos están trabajando sin esta perspectiva, solamente bajo el capricho de sus directivos.

sábado, 22 de octubre de 2011

FIN DEL ARTE
                                                                                                                        
Hernán Nicolás Rosso

“Ya no podemos venerar y adorar las obras de arte como tocadas por la divinidad: […] El pensamiento y la reflexión han sobrepujado al arte bello.”
Para Hegel [1770-1831], según reza en sus Lecciones sobre estética, en la historia del espíritu debe llegar necesariamente el fin del arte, para poder ser reemplazado primero por la religión y luego por la filosofía. El arte tenía (junto a sus relevos) el fin de contener la verdad, cuyo conocimiento se alcanzaba en forma “inmediata y precisamente por ello sensible, un conocimiento en la forma y la figura de lo sensible y objetivo mismo, en el cual el absoluto llega a la intuición y la sensación”; la religión dará un paso más a través de la conciencia representativa de ese absoluto y finalmente la filosofía pensará libremente en él. De este modo, el conocimiento meramente inmediato (como es el conocimiento sensible) en esta etapa del desarrollo del espíritu es un conocimiento deficiente y obsoleto, y por eso, hoy “el arte nos invita a la contemplación reflexiva, pero no con el fin de producir nuevamente arte, sino para conocer científicamente lo que es el arte”, es decir, conocer reflexivamente la idea de lo divino (el espíritu absoluto).
Arthur Danto [1924-…], desestimando toda la metafísica hegeliana, sin embargo retoma esta idea para presentar la tesis según la cual ya ha llegado el fin del arte. Para ello distingue una época prehistórica del arte (antes del 1400), donde los íconos eran adorados pero no apreciados artísticamente; la era del arte, donde se llega a una consciencia del arte en tanto tal, y el principio de la estética; y la época post-histórica, donde la consciencia del arte se desplazó al plano meramente filosófico. El sujeto de la historia, para decirlo de modo rimbombante, parece devenir del sacerdote al artista, y de éste al filósofo. Como vemos, la distinción no es en relación a la producción artística (no es que antes o después de la era del arte, no se produjo arte) sino en quién es autoridad en (garante y responsable de definir) arte. Como en Hegel, la conciencia corre en contra de las determinaciones históricas. La historia ha determinado la aparición del arte en el siglo XV, le exigió desarrollarse hasta fines el siglo XX, y obligó a la conciencia (filosófica) a hacerse cargo del asunto, dándose muerte a sí misma. Ya no exista una gran narrativa en la cual cobijarse a la hora de hacer arte, y a la cual remitirse a la hora de legitimarlo. “No hay ningún criterio a priori acerca de cómo el arte debe verse”. Es clave la palabra verse en este contexto, puesto que esto es lo que más tarde nos llevará al problema de lo indiscernible.
El paso de la prehistoria a la historia del arte se da en lo que podemos llamar la autonomía del arte, lo que Hegel y Kant entendieron (cada uno a su modo) como la libertad, el desinterés y la finalidad autoreferencial del arte (en el caso de Kant, la finalidad formal de lo bello en general). El artista empieza a tener como tema de reflexión no un contenido extrínseco al arte, sino el mismo arte, auto-definiéndose y auto-criticándose. La conciliación entre medios y fines propuesta por la dialéctica de Hegel parece sintetizarse en esta frase de Danto: “los medios de representación se vuelven el objeto de la representación”. Así, la mimesis va siendo por tanto abandonada como paradigma del arte, “como si enfatizar la representación mimética se hubiera vuelto menos importante que otro tipo de reflexión sobre los sentidos y los métodos de representación”.
El (aparente) problema de esta etapa es que, al instituirse una historia del arte (una narración oficial), toda obra que se demostrase como no respondiendo a esta historia, se la consideraba no-artística. Nace de este modo los límites (determinados y legitimados por la historia) entre lo que es arte y lo que no lo es. Esta voluntad de límites se vuelve divergente en la era de los manifiestos (principios del siglo XX), donde nacen una multitud de narraciones pretendidas como continuadora de la oficial, excluyentes unas de otras. Aquí nace (se hace consciente) la disputa filosófica-artística por quién tiene (quién es) la verdad en arte. De este modo, al volverse un problema la verdad del arte, entra en la escena de la historia del arte la filosofía. Llegado a este punto, la reflexión de la historia del arte fue en último término la muerte de la historia del arte, “el fin del arte consiste en el acceso a la conciencia de la verdadera naturaleza del arte”. El punto de quiebre parece ser la Brillo Box de Warhol, quien proponía que son materialmente indiscernibles el arte y la realidad, no hay nada en el objeto mismo que pueda diferenciarlos. (http://www.fotos.org/galeria/data/518/3Andy-Warhol-Brillo-Box.jpg)
De esta manera, “ya no se podría enseñar el significado del arte a través de ejemplos”. La reflexión artística, en términos análogos a los hegelianos, pasa a prescindir del objeto en tanto apariencia inmediata, “sería necesario realizar un giro desde la experiencia sensible hacia el pensamiento”. Volviendo casi textualmente a la cita de Hegel con que abrimos el debate: “la estructura del mundo del arte consiste exactamente, no en “crear arte” otra vez, sino en crear arte explícitamente para el propósito de saber filosóficamente lo que es el arte”.
Así, la verdad que aparentemente no era posible ver en la era de los manifiestos es que no hay arte verdadero (y por tanto, tampoco falso) sino que todo arte es indiferentemente arte. Y de esta verdad parece seguirse que al artista le es indiferente qué es el arte, y es tarea del filósofo definir la esencia del arte de tal modo que todo lo producido por los artistas quede conciliado y nada pueda excluirse. Al parecer, todos juntos podemos vivir sin molestarnos unos a otros.
Terminaremos entonces con un análisis de la siguiente cita: “Período de información desordenada, una condición perfecta de entropía estética, equiparable a un período de una casi perfecta libertad. Hoy ya no existe más ese linde de la historia. Todo está permitido.”
Aquí queda denotado que la nacionalidad traicionó al pensamiento del autor. Lo que vemos aquí es la ya anciana idea liberal de libertad, según la cual la de uno terminaba en la del otro. Así, sin que nadie pueda delimitar libremente la libertad de otros, todo parece de pronto permitido (la tragedia dostoievskiana tras la muerte de Dios). Esta definición negativa tuvo dos grandes defectos, tanto en el plano político, como el artístico.
En primer lugar, es completamente despotenciadora. Al abstraer en el análisis sólo (haciendo una analogía con Hegel, al hacer un análisis unilateral) de aquello que delimita externamente a la libertad, se pierde de vista lo que produce libertad (sus leyes internas). Formalmente todo está a nuestro alcance, pero en su contenido, en el ejercicio efectivo de la libertad, nos vemos perdidos sin saber a dónde disparar. El desorden de información multiplica las posibilidades del sujeto que se quiere informar (Internet es un océano de información) pero al mismo tiempo lo satura. El sujeto es interpelado de tal modo por las posibilidades que pierde el momento reflexivo ante esas posibilidades, y siempre piensa con la información encima sin poder tomar nunca distancia. Es lo que se entiende típicamente como el fenómeno de decadencia (término descriptivo, no necesariamente valorativo). Para colmo, al estar la reflexión (tarea de la filosofía) distanciada de la producción (tarea del artista); el fenómeno despotenciador de la decadencia se agrava pues crea un desinterés por parte del artista para con lo artístico de su obra.
En segundo lugar, esta formal libertad absoluta impide la discusión respecto a qué puede el arte. De este modo, al desaparecer el problema de la producción del territorio racional (es decir, de la reflexión), se desplaza al terreno de la pugna de poderes, donde suele salir triunfador los intereses económicos, quienes, obviamente, usan criterios económicos para producir arte. De este modo, que la filosofía deba definir a toda la producción como artística, quiere decir que los criterios de hecho del arte tiendan a subsumirse bajo los intereses de mercado (o a los intereses de Estado, aunque sea menos frecuente). Este problema Danto lo expresa (como virtud del arte post-histórico) en lo siguiente: “El arte puede ser lo que quieran los artistas y los patrocinadores”.
Así queda planteado pues las dos aporías que se le presentan, creo yo, a la filosofía del arte, ante el estado netamente liberal en el que ha dejado al arte el fin de su historia; y digo aporías, porque no parecen ser solución la vuelta (reaccionaria) a una narración oficial legitimadora y canónica.







miércoles, 19 de octubre de 2011

Juárez competitiva. De las palabras a los hechos                     


Samuel F. Velarde

Las actividades culturales para promover “Juárez Competitiva”, tienen como objetivo estimular la inversión en Ciudad Juárez y de alguna manera, borrar la negativa imagen de esta ciudad en el mundo, porque la mala imagen de Ciudad Juárez, evidentemente es mundial. El año pasado estando en Corea del Sur, tuve la amarga experiencia de que me preguntaron sobre la violencia juarense. Situación difícil de contestar.

Es loable el esfuerzo que se ha hecho al respecto, tanto por los espectáculos culturales, como por las conferencias dictadas, que van desde las muy buenas, hasta las mediocres y sin sustancia. La de Gorbachev, no fue más que lo mismo que dice donde es invitado: La decadencia de la URSS, las largas flas para conseguir alimentos en los últimos años de esta república socialista, la falta de libertades, la corrupción y la carrera armamentista. Sin embargo, el ver en carne y hueso a este personaje histórico, fue el real espectáculo que motivó a muchos para asistir a su charla. Por cierto, cuando habló de la corrupción los juarenses aplaudieron, como rechazando a los políticos que ahí se encontraban y me imagino la alusión les pegó fuerte.

Pero lo más importante del asunto, es cómo lograr convertir a Juárez en competitiva y que esa competitividad, produzca un real impacto en la calidad de vida de sus habitantes, sobre todo de los trabajadores que aportan demasiado a la competitividad. Asumiendo que la competitividad tiene que ver con la calidad de los productos fabricados, pero asimismo con el capital humano existente (que en Juárez la verdad abunda) desde el trabajador eficiente hasta el técnico, ingeniero o administrador, incluso las profesiones adyacentes que coadyuvan en mejorar ese capital humano.

A pesar de que la producción y la importación de productos hechos en Juárez es alta, parecería ser que la ciudadanía está muy alejada de esa participación de resultados, pues la inseguridad permea todavía, los polígonos de pobreza siguen aumentando (donde por lo general viven varios trabajadores productivos). Entonces la tarea es ardua, más allá de buenas intenciones y eventos de nivel internacional, hay que trabajar por la calidad de vida, de otra manera ni Gorbachev, Castañeda o el hijo de Carlos Salinas y demás, podrán abrir una mejor esperanza para los juarenses y su calidad de vida. Es decir, como dicen los teóricos organizacionales, ver fortalezas, pero también debilidades y atenderlas.