martes, 3 de abril de 2012

Homenaje a Gomezjara: anécdota


Samuel F. Velarde

Tuve la fortuna de ser alumno de Francisco Gomezjara en la Universidad Autónoma Metropolitana en 1976. Impartía la clase de Sociología Rural, era un profesor abierto y alegre, su gran experiencia en el conocimiento del campo mexicano, lo hacía una autoridad en la materia. Posteriormente, lo encontré en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez allá por 1985, al visitar esta universidad para impartir un curso sobre metodología de la investigación. En esa ocasión pudimos charlar informalmente en un Sanborns, para al día siguiente visitar algunas colonias pobres de la ciudad y a la mas rica, en una especie de tour sociológico. Recuerdo que en aquella ocasión él hacía una investigación sobre las drogas. En la charla se me ocurrió comentar sobre que "el narcotrófico era la fase superior del capitalismo", parafraseando la famosa frase de Lenin. Le agradó la ocurrencia. Desafortunadamente ya no tuve contacto con el profesor, sin embargo merecido homenaje, como un destacado sociólogo mexicano, modesto y poco proclive al esnobismo intelectual.

Congreso de Sociología 2012

http://sociologiac.net/2012/02/08/congreso-de-sociologia-y-ciencias-sociales-prealas-2012-acapulco-mexico/

domingo, 4 de marzo de 2012

CULTURA-MUNDO
Ernesto Ortiz Diego*

Cómo entender el tema de cultura-mundo, del sociólogo Gilles Lipovetsky ¿de qué está hablando este autor? una hipótesis para entender el tema, él no lo dice, pero en el fondo subyace allí. El proceso educativo, el proceso cultural, los procesos sociales, no son procesos aislados. No dejo de ponderar, siempre, la interpretación que hace el doctor Juan Francisco Escobedo, en el CIDHEM, sobre la cultura-mundo del texto de Gilles Lipovetsky y Hervé Juvin, El occidente globalizado.
Esto es más complejo, pero ofrece más limpieza en la relación moviéndolo de esa manera, uno dice la cultura constituye un sistema de intercambio de significados. ¿Cómo se producen los significados, como se transmiten, cómo se generan? Para entender esos procesos, se debe salir de ese sistema y meterse a un sistema mucho más amplio y volver a entrar, eso es complicado, no se está hablando de que sea fácil, pero es necesario.
Lo primero que nos dice Gilles Lipovetsky, señores, si bien las cosas en su evidencia externa, aparecen aisladas y autónomas, todas las cosas tienen una conexión, si no tuvieran una conexión no estuviera ocurriendo lo que está corriendo. ¿Cuál es la conexión? No se sabe, se tiene que indagar.
Un celular es una de las manifestaciones materiales de la globalización, si uno fuera técnico o economista, pudiera descomponer en parte ese teléfono, y podríamos sorprendernos que las 50 partes que contiene corresponde a 50 países, porque se hacen en 50 lados diferentes, esto es globalización. Es decir, no hay cosas puramente nacionales suficientemente fuertes como para decir somos autónomos.
Las economías salvo de que se trate de economías autogestionadas, incluso habría que ver, tienen componentes externos, estamos en presencia donde la autonomía hay que revisarla, hay que cuestionarla.
Uno dice muy bien, la artesanía, el artesano, es un componente sin influjo, si así fuera, habría que verlo. ¿Cómo entendemos ese proceso? Eso no quiere decir, que estemos en presencia como dice Gilles Lipovetsky de un proceso aceleradísimo de pérdida de identidad.
El primer planteamiento es que todos los elementos que parecen inconexos aislados llegan a tener una relación. La idea de la cultura-mundo parte del supuesto de que hay un sistema en el que los intercambios son cada vez más fuertes, la valoración son cada vez más intensas que terminan influenciándose.
La interconexión nos lleva a un enfoque sistémico, es decir, subyace la idea de que hay un sistema muy complejo. Immanuel Wallerstein, sociólogo estadounidense (Nueva York, 28 de septiembre de 1930), habla de la economía- mundo o sistema-mundo. En pocas palabras lo que está diciendo el autor es que el mundo es un sistema.
Esto no quiere decir que todo sea homogéneo, que todo es igual. Y tal vez esté descubriendo el Mediterráneo, porque de que el mundo es un sistema subyace en los descubridores del siglo XVI que descubrieron América y África, esa es la idea de que todos estamos interconectados, la cultura-mundo nos puede decir, señores estamos interconectados.
La interconexión no quiere decir homologización ni homogenización, aunque parezca, y aunque haya procesos que tienden a la homogenización, para algunos la globalización es sinónimo de mcdonalización, coca-colización, o cualquiera marca o franquicia de Estados Unidos. En cualquier parte del mundo se puede encontrar Mcdonald, pero también en cualquier parte del mundo se pueden encontrar un restaurante chino, japonés y árabes.
Una cosa es la expansión de las franquicias y la venta de la imagen de que es Mcdonald, es que el proceso de intercambio es tan múltiple que no necesariamente pasa por la economía formal, lo pongo de otra manera, en las relaciones internacionales los intercambios son tan fuertes, tan intensos, que han dejado de pasar como era anteriormente por los gobiernos, por los Estados Nación.
El (11-S), 11 de septiembre de 2001, viene a confirmar todos esos procesos, el 11 de septiembre acaba con un ciclo largísimo de las guerras convencionales en el mundo, anteriormente las disputas eran entre los Estados Nación: Estados Unidos contra la URSS, los japoneses contra los chinos, los ingleses contra los franceses, los mexicanos contra los franceses, los mexicanos contra los estadounidenses, era la visión de la guerra convencional. El 11 de septiembre de 2001 termina con la historia de las guerras convencionales y se abre un periodo de incertidumbre que el atacado ya no sabe quien lo ataca, el problema de Estados Unidos el 11 de septiembre no sabía quien lo atacaba.
No hay pánico mayor o incertidumbre que se pueda provocar en un gobierno o en un país, o en una persona, cuando no sabe ni quien es su enemigo, es como el chantaje en México, es decir, el virus más poderoso, es el anonimato, es la otra cara que siembra incertidumbre y es también cultura-mundo, porque el medio del cual se está haciendo un chantaje es un medio de la globalización, el teléfono celular que tiene capacidad terrible para generar incertidumbre, es decir, lo mismo genera certidumbre que incertidumbre el mundo no ha dejado de ser complejo.
*Sociólogo (UIA), politólogo (IIEPA)










jueves, 9 de febrero de 2012

¿Qué necesita la sociedad mexicana?
José Roberto Hernández Fuentes

Prácticamente están definidos ya los candidatos a la presidencia de la República en México, dos de ellos desde hace algunos meses y el otro, o más bien la otra, hace pocos días: Andrés Manuel López Obrador, abanderado de las denominadas Fuerzas Progresistas de izquierda, Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional y, recientemente la candidata por el Partido Acción Nacional Josefina Vázquez Mota. Así comienza entonces una contienda política de suma importancia coyuntural para nuestro país.
            De sobra es sabido que la sociedad mexicana y cada una de sus diversas comunidades, experimenta una situación que ha sacudido hasta las raíces la estructura social y política en México. La violencia generalizada que ahora enfrentamos no es más que una muy lamentable manifestación de la profunda crisis social y comunitaria que abarca todas las dimensiones de la vida social en este país, la política, la económica, la social y por supuesto la cultural. Estaríamos equivocados si pensamos y concluimos que la actual problemática nacional sólo se debe a lo provocado en estos últimos doce años de mandatos federales panistas, que si bien tienen bastante responsabilidad en lo sucedido actualmente en México, no por ello debemos olvidar los malos, ineficaces, irrelevantes y corruptos gobiernos del Revolucionario Institucional en quienes recae gran parte de tal responsabilidad por el decaído México de nuestros tiempos.
            Es importante tener y mantener una memoria histórica que junto con una buena dosis de reflexión y análisis crítico nos conduzca como sociedad y como comunidades a la evaluación consciente, imparcial y sesuda sobre lo que han hecho y lo que hemos permitido que hagan con nuestro país. No vale justificar la ignorancia del pasado en una juventud que sólo vive y siente las grandes vicisitudes del presente y que sólo responsabiliza a quienes tiene de frente, para ello están los libros como magníficos e inmortales testigos críticos de la historia, misma que repercute hasta los más recónditos pasajes de nuestra vida cotidiana. Tengamos presente, por supuesto, lo acontecido y lo que acontece en la primera década de este nuevo siglo, señalemos culpables y responsables, pero también seamos capaces de comprender que la actual realidad social mexicana tiene sus orígenes en un pasado mal administrado y mal encausado, en el cual quienes tuvieron la oportunidad de erigir un México próspero, digno y pacífico, fueron cegados por la ambición y el egoísmo que dieron pie a la histórica negligencia política que ha caracterizado a la gran mayoría de los gobiernos mexicanos, de los cuales hoy sufrimos las graves consecuencias de sus actos.
            Es entonces importante reconocer que nuestro país necesita con urgencia cambios drásticos, pero no se trata sólo de cambios en materia política, no basta únicamente con llevar a cabo una reforma política que transforme el sistema político en México, los problemas no se resolverán con quitar o poner más o menos diputados o senadores, con pagarles más o con pagarles menos, ni con activar algunos mecanismos democráticos que propicien una democracia participativa. Sin duda estos son algunos aspectos importantes que tendrán que realizarse en los próximos meses o años sino días, pero con tales medidas no basta para abordar de manera contundente la profunda crisis que atraviesa la sociedad mexicana.
Está crisis va más allá de una mera democratización del país, la cual es urgente y necesaria, pero insuficiente para salir de la problemática en la que estamos metidos. Se trata de ofrecer una reconstitución del significado de ser mexicano, pero antes de una reconstitución del significado de ser humano, que permita restablecer los lazos comunitarios y sociales tan distensados en los últimos tiempos. Se trata de recobrar la confianza en el otro, de constituir una verdadera comunidad política mucho más reflexiva, crítica y sustentable, para que a partir de ahí surjan y se formen verdaderos liderazgos democráticos capaces de representar plenamente a sus diversas comunidades mexicanas. Es también de gran relevancia que tal reconstrucción del significado del ser mexicano y por supuesto del ser humano se fundamente en valores como la honestidad, el respeto, la tolerancia, la dignidad y sobre todo, el amor al prójimo. De esta manera pueden constituirse nuevas y más sólidas instituciones conformadas por mexicanos más comprometidos con sus comunidades y por ende con la sociedad. No basta entonces con votar, opinar, reducir las cámaras de diputados y senadores, poder reelegir o revocar mandatos, se tiene que ir más allá. Urge una reflexión y resignificación del ser mexicano como ser humano, se necesita ir a la raíz del sistema social, a las instituciones, a los actores y a los agentes. Volver al sujeto como tal en la búsqueda de una conciencia solidaria, humana y amorosa, antes de que la decadencia nos lleve al abismo.
Por lo tanto, nuestra atención debe estar dirigida a los ahora candidatos, no únicamente a los que contienden por la presidencia de la república, sino a todos aquellos que busquen tomar un cargo público. Escuchar, reflexionar, analizar sus propuestas, revisar críticamente las plataformas políticas de los partidos que representan, tomando como base la verdadera urgencia de nuestro país. Inseguridad, pobreza y corrupción como ejes transversales de la crisis social, económica y política mexicana, pero también como elementos que se han arraigado en la cultura del mexicano, llevándonos poco a poco a la  pérdida de sentido como seres humanos, como ciudadanos y en este caso como mexicanos.                
                       

viernes, 3 de febrero de 2012

Institución y Sociedad
José Roberto Hernández Fuentes

Abordar el tema de las instituciones y la sociedad es prácticamente comenzar un largo recorrido por la teoría social, desde luego cuando se trata de profundizar en estos amplios tópicos que repercuten directa y reificadamente en las vidas de todos y cada uno de los sujetos sociales. Es por lo tanto, comprender la constitución de las sociedades, su dinámica interactiva y funcional, su conformación estructural, sus engranajes y sus implicaciones colectivas e individuales. Asimismo, el tema de las instituciones y la sociedad también conlleva un amplio enfoque analítico sobre los sujetos, sus acciones, sus roles, su conversión sujeto-actor y sujeto-agente, así como la importancia de las relaciones que estos emprenden entre sí y lo que tal acto relacional o interactivo significa para lo que se conoce como proceso de institucionalización.
            Dentro de la teoría social son varios las perspectivas de análisis bajo las que se llevan a cabo los estudios del tema en cuestión, ya sea desde la óptica funcionalista, la estructuralista o bien, desde el interaccionismo simbólico. Todas ofrecen argumentaciones relevantes que pueden ayudar a interpretar mejor el significado y la importancia de la institución, para poder comprender, al mismo tiempo, la sociedad. Sin embargo, una visión que abarque o tome en consideración cada una de las diferentes perspectivas nos permitirá obtener un análisis más completo y complejo de estos fundamentales temas de la vida social y comunitaria. De la misma manera, los aportes que al respecto ofrezcan otras áreas de la ciencia como la psicología y la ciencia política, contribuirán a la ampliación del conocimiento de estos temas.
            Un aspecto muy interesante acerca del estudio de la sociedad es que cuando emprendemos tal misión, de alguna u otra manera también nos encontramos estudiando u analizando nuestro papel como seres humanos, como individuos, como sujetos sociales, como actores y como agentes. En este sentido el estudio de la sociedad implica esencialmente el estudio de nosotros mismos dentro de la vida social, así al ir conociendo el complejo significado de sociedad, desmenuzándolo y detallándolo vamos también conociendo nuestro significado como sujetos, como seres intrínsecamente sociales. A diferencia del concepto de institución, el concepto de sociedad comienza a verse y conocerse desde temprana edad, mientras que la cuestión de la institución se observa de una manera quizá indirecta o bien como simple conjunto de normas, reglas y procedimientos legitimados por hombres y mujeres. Esto es comprensible si consideramos la elevada complejidad analítica de ambos tópicos, y sobre todo cuando se trata de comprender las imbricaciones entre estos.
            Al definir el término sociedad encontramos varios tipos o estilos de definiciones que al final encierran un aspecto clave para su comprensión: la sociedad como conjunto de relaciones sociales. Este conjunto de relaciones sociales formadoras o hacedoras de la sociedad no son amorfas ni espontáneas, llevan implícito en su interacción sentidos, significados y propósitos diferentes que se van entretejiendo hasta conformar un sistema u estructura social. Esto en términos radicalmente generales, puesto que la sociedad o bien las sociedades tienen un alcance semántico que engloba todo lo que conforma la vida social. Entonces surge la pregunta que cuestiona la cabida de la institución o las instituciones en la complejidad de la vida social. ¿Qué es la institución para la sociedad? ¿Qué significado le dan las instituciones a la sociedad? ¿Cómo se forman? y ¿qué son para la vida colectiva y la vida individual? La respuesta es igual de abarcadora y compleja, sin embargo puede esbozarse un intento que conteste tales interrogantes a partir de una propuesta en la que se trate de comprender a las instituciones como procesos que dan pie al orden social, a la adaptación del individuo a la sociedad (socialización) y al conocimiento subjetivo-objetivo de lo que constituye y conlleva la propia construcción de las diversas realidades sociales.
            La institución o las instituciones dotan de sentido a la vida social al adaptar y orientar el comportamiento de los sujetos en los diversos contextos de desenvolvimiento, tal hecho contiene fuertes implicaciones para el mantenimiento del orden social, por lo tanto las instituciones representan las bases para la estabilidad social. A pesar de ello, tal noción de las instituciones, quizá aparentemente estática, puede resultar alejada de una realidad social contemporánea y quizá histórica de desorden e inestabilidad en la gran mayoría de las sociedades mundiales. Esto no significa que las instituciones hayan dejado de funcionar o bien que ya no cobren ningún sentido y significado para la vida social, lejos de ello tal situación sólo refleja la condición dinámica de los procesos de institucionalización y por ende el dinamismo de nuestras sociedades reflejado en sus constantes cambios y transformaciones de orden cultural, político y en ocasiones económico. De esta manera, las instituciones llevan a cabo una doble función social al representar los fundamentos para la estabilidad e inclusive la armonía social, y al mismo tiempo constituir las principales vías para el cambio y la transformación de las sociedades. El cambio institucional implica cambios en la sociedad, la estabilidad institucional representa el orden social.      
                 

lunes, 23 de enero de 2012

El siguiente artículo se toma de La Jornada, por ser importante para los chihuahuenses y mexicanos avergonzados por esto.


Rarámuris: cinco siglos marginados

IVÁN RESTREPO

En medio de una intensa propaganda para insistir en el éxito de los programas oficiales contra la pobreza, una noticia echó a perder la fiesta de mensajes que se pagan con nuestros impuestos: sí hay hambre en la región Tarahumara y durante los sexenios panistas se agravó allí el problema. Especialmente en los municipios de Uruachi, Balleza, Morelos, Urique, Carichi y Batopilas, donde están los poblados de más carencias en México. Pese a tan desfavorable situación, el gobierno de Chihuahua precisó que los rarámuris tienen una fortaleza increíble. Ni duda: llevan cinco siglos marginados, despojados de sus recursos, víctimas de la corrupción y el caciquismo y… no se extinguen. Por algo forman parte de la raza de bronce.

Ocupado como estuvo en ser el candidato del Partido Acción Nacional a gobernar la ciudad de México, el ingeniero José Luis Luege, director de la Comisión Nacional del Agua, minimizó la falta de ese recurso en la Tarahumara, donde viven 100 mil indígenas. “No hay ningún problema porque tienen fuentes de acceso al agua”; las dificultades se concentran en el resto de Chihuahua. La terca realidad pronto lo obligó a rectificar.

Los testimonios sobre lo que sucede en esa parte de México destacan la situación de los menores de cinco años, en los cuales se ceba la desnutrición, las enfermedades y la muerte. Mal nutridas, las madres tampoco proporcionan suficiente leche materna a sus hijos y los centros donde los atienden son insuficientes y ubicados lejos de las comunidades donde el problema es mayor.

Como la falsa noticia del suicidio colectivo de 50 rarámuris recorrió el mundo, las organizaciones sociales y los medios llamaron, como en otras tragedias, a la solidaridad. No hubiera sido necesario de existir los programas gubernamentales tantas veces prometidos para sacar de la pobreza a los indígenas. Desde apoyos al sector agropecuario hasta dotar a los poblados de agua potable, educación, salud. Mientras llega el auxilio oficial y los de la sociedad, el gobernador de Chihuahua pide mil millones de pesos para “paliar” los efectos de la sequía, vía un programa de alimentos. El obispo de la Tarahumara señala que el problema continuará si no hay proyectos productivos que le permitan a los indígenas generar su sustento, elevar sus ingresos.

Y en Durango (donde también falta el agua) el candidato del Partido Revolucuionario Institucional critica severamente la insensibilidad del gobierno que encabeza el licenciado Calderón por negar los apoyos requeridos a las 20 entidades afectadas por la sequía, a través de un fondo de 10 mil millones de pesos. Elogios recibiría el culto licenciado Peña Nieto si los millones de pesos gastados en los recientes acarreos de sus “simpatizantes” en Monterrey y Durango, por ejemplo, se destinaran a los que más sufren por la falta de alimentos y agua. También son insensibles los funcionarios responsables de la agricultura, el manejo del agua, la salud, la creación de empleo, el desarrollo social. Y la clase política que malbarata decenas de millones de pesos en una publicidad que a nadie convence.

En olvidarse de los pobres, pocos como el arzobispo Antonio Chedraoui, de la Iglesia ortodoxa. Su cumpleaños es una fiesta a la que asisten importantes funcionarios, empresarios y políticos. La gente bonita, poderosa. Hasta el cardenal Rivera y el obispo Onésimo. El banquete por sus 80 años contó con la presencia de 3 mil personas. Ejemplo imborrable habría dejado el arzobispo si en vez de gastarse miles de pesos en su publicitado cumpleaños (en el que se refirió a la pobreza) los hubiera destinado a los que padecen en la Tarahumara.

Y mientras las instancias oficiales y la clase política se dicen indignadas por lo que sucede en esa parte de México, destaquemos dos luminosas declaraciones: la de Alberto Cárdenas, ex secretario de Agricultura (y de Medio Ambiente) en tiempos del señor Fox, que no ve en el país emergencia por la sequía, y dice que la solución de lo que pasa se ubica en Estados Unidos, que “perfectamente puede abastecer de alimentos al país”. Y la del titular de Salud de Chihuahua, Sergio Piña, al confirmar que la desnutrición es un problema endémico en la Tarahumara, pero se asocia a la manera incorrecta de comer.

Por eso estamos como estamos.



miércoles, 4 de enero de 2012

El eufemismo más estupido del 2012

En Chile en los libros de texto se cambió el perido de la "dictadura" por el de "régimen militar". No cabe duda de que la derecha chilena (que gobierna actualmente) desea borrar con la gramática lo que la historia no olvidará jamás: lo sanguinario de la dictadura militar chilena.