jueves, 9 de febrero de 2012

¿Qué necesita la sociedad mexicana?
José Roberto Hernández Fuentes

Prácticamente están definidos ya los candidatos a la presidencia de la República en México, dos de ellos desde hace algunos meses y el otro, o más bien la otra, hace pocos días: Andrés Manuel López Obrador, abanderado de las denominadas Fuerzas Progresistas de izquierda, Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional y, recientemente la candidata por el Partido Acción Nacional Josefina Vázquez Mota. Así comienza entonces una contienda política de suma importancia coyuntural para nuestro país.
            De sobra es sabido que la sociedad mexicana y cada una de sus diversas comunidades, experimenta una situación que ha sacudido hasta las raíces la estructura social y política en México. La violencia generalizada que ahora enfrentamos no es más que una muy lamentable manifestación de la profunda crisis social y comunitaria que abarca todas las dimensiones de la vida social en este país, la política, la económica, la social y por supuesto la cultural. Estaríamos equivocados si pensamos y concluimos que la actual problemática nacional sólo se debe a lo provocado en estos últimos doce años de mandatos federales panistas, que si bien tienen bastante responsabilidad en lo sucedido actualmente en México, no por ello debemos olvidar los malos, ineficaces, irrelevantes y corruptos gobiernos del Revolucionario Institucional en quienes recae gran parte de tal responsabilidad por el decaído México de nuestros tiempos.
            Es importante tener y mantener una memoria histórica que junto con una buena dosis de reflexión y análisis crítico nos conduzca como sociedad y como comunidades a la evaluación consciente, imparcial y sesuda sobre lo que han hecho y lo que hemos permitido que hagan con nuestro país. No vale justificar la ignorancia del pasado en una juventud que sólo vive y siente las grandes vicisitudes del presente y que sólo responsabiliza a quienes tiene de frente, para ello están los libros como magníficos e inmortales testigos críticos de la historia, misma que repercute hasta los más recónditos pasajes de nuestra vida cotidiana. Tengamos presente, por supuesto, lo acontecido y lo que acontece en la primera década de este nuevo siglo, señalemos culpables y responsables, pero también seamos capaces de comprender que la actual realidad social mexicana tiene sus orígenes en un pasado mal administrado y mal encausado, en el cual quienes tuvieron la oportunidad de erigir un México próspero, digno y pacífico, fueron cegados por la ambición y el egoísmo que dieron pie a la histórica negligencia política que ha caracterizado a la gran mayoría de los gobiernos mexicanos, de los cuales hoy sufrimos las graves consecuencias de sus actos.
            Es entonces importante reconocer que nuestro país necesita con urgencia cambios drásticos, pero no se trata sólo de cambios en materia política, no basta únicamente con llevar a cabo una reforma política que transforme el sistema político en México, los problemas no se resolverán con quitar o poner más o menos diputados o senadores, con pagarles más o con pagarles menos, ni con activar algunos mecanismos democráticos que propicien una democracia participativa. Sin duda estos son algunos aspectos importantes que tendrán que realizarse en los próximos meses o años sino días, pero con tales medidas no basta para abordar de manera contundente la profunda crisis que atraviesa la sociedad mexicana.
Está crisis va más allá de una mera democratización del país, la cual es urgente y necesaria, pero insuficiente para salir de la problemática en la que estamos metidos. Se trata de ofrecer una reconstitución del significado de ser mexicano, pero antes de una reconstitución del significado de ser humano, que permita restablecer los lazos comunitarios y sociales tan distensados en los últimos tiempos. Se trata de recobrar la confianza en el otro, de constituir una verdadera comunidad política mucho más reflexiva, crítica y sustentable, para que a partir de ahí surjan y se formen verdaderos liderazgos democráticos capaces de representar plenamente a sus diversas comunidades mexicanas. Es también de gran relevancia que tal reconstrucción del significado del ser mexicano y por supuesto del ser humano se fundamente en valores como la honestidad, el respeto, la tolerancia, la dignidad y sobre todo, el amor al prójimo. De esta manera pueden constituirse nuevas y más sólidas instituciones conformadas por mexicanos más comprometidos con sus comunidades y por ende con la sociedad. No basta entonces con votar, opinar, reducir las cámaras de diputados y senadores, poder reelegir o revocar mandatos, se tiene que ir más allá. Urge una reflexión y resignificación del ser mexicano como ser humano, se necesita ir a la raíz del sistema social, a las instituciones, a los actores y a los agentes. Volver al sujeto como tal en la búsqueda de una conciencia solidaria, humana y amorosa, antes de que la decadencia nos lleve al abismo.
Por lo tanto, nuestra atención debe estar dirigida a los ahora candidatos, no únicamente a los que contienden por la presidencia de la república, sino a todos aquellos que busquen tomar un cargo público. Escuchar, reflexionar, analizar sus propuestas, revisar críticamente las plataformas políticas de los partidos que representan, tomando como base la verdadera urgencia de nuestro país. Inseguridad, pobreza y corrupción como ejes transversales de la crisis social, económica y política mexicana, pero también como elementos que se han arraigado en la cultura del mexicano, llevándonos poco a poco a la  pérdida de sentido como seres humanos, como ciudadanos y en este caso como mexicanos.                
                       

viernes, 3 de febrero de 2012

Institución y Sociedad
José Roberto Hernández Fuentes

Abordar el tema de las instituciones y la sociedad es prácticamente comenzar un largo recorrido por la teoría social, desde luego cuando se trata de profundizar en estos amplios tópicos que repercuten directa y reificadamente en las vidas de todos y cada uno de los sujetos sociales. Es por lo tanto, comprender la constitución de las sociedades, su dinámica interactiva y funcional, su conformación estructural, sus engranajes y sus implicaciones colectivas e individuales. Asimismo, el tema de las instituciones y la sociedad también conlleva un amplio enfoque analítico sobre los sujetos, sus acciones, sus roles, su conversión sujeto-actor y sujeto-agente, así como la importancia de las relaciones que estos emprenden entre sí y lo que tal acto relacional o interactivo significa para lo que se conoce como proceso de institucionalización.
            Dentro de la teoría social son varios las perspectivas de análisis bajo las que se llevan a cabo los estudios del tema en cuestión, ya sea desde la óptica funcionalista, la estructuralista o bien, desde el interaccionismo simbólico. Todas ofrecen argumentaciones relevantes que pueden ayudar a interpretar mejor el significado y la importancia de la institución, para poder comprender, al mismo tiempo, la sociedad. Sin embargo, una visión que abarque o tome en consideración cada una de las diferentes perspectivas nos permitirá obtener un análisis más completo y complejo de estos fundamentales temas de la vida social y comunitaria. De la misma manera, los aportes que al respecto ofrezcan otras áreas de la ciencia como la psicología y la ciencia política, contribuirán a la ampliación del conocimiento de estos temas.
            Un aspecto muy interesante acerca del estudio de la sociedad es que cuando emprendemos tal misión, de alguna u otra manera también nos encontramos estudiando u analizando nuestro papel como seres humanos, como individuos, como sujetos sociales, como actores y como agentes. En este sentido el estudio de la sociedad implica esencialmente el estudio de nosotros mismos dentro de la vida social, así al ir conociendo el complejo significado de sociedad, desmenuzándolo y detallándolo vamos también conociendo nuestro significado como sujetos, como seres intrínsecamente sociales. A diferencia del concepto de institución, el concepto de sociedad comienza a verse y conocerse desde temprana edad, mientras que la cuestión de la institución se observa de una manera quizá indirecta o bien como simple conjunto de normas, reglas y procedimientos legitimados por hombres y mujeres. Esto es comprensible si consideramos la elevada complejidad analítica de ambos tópicos, y sobre todo cuando se trata de comprender las imbricaciones entre estos.
            Al definir el término sociedad encontramos varios tipos o estilos de definiciones que al final encierran un aspecto clave para su comprensión: la sociedad como conjunto de relaciones sociales. Este conjunto de relaciones sociales formadoras o hacedoras de la sociedad no son amorfas ni espontáneas, llevan implícito en su interacción sentidos, significados y propósitos diferentes que se van entretejiendo hasta conformar un sistema u estructura social. Esto en términos radicalmente generales, puesto que la sociedad o bien las sociedades tienen un alcance semántico que engloba todo lo que conforma la vida social. Entonces surge la pregunta que cuestiona la cabida de la institución o las instituciones en la complejidad de la vida social. ¿Qué es la institución para la sociedad? ¿Qué significado le dan las instituciones a la sociedad? ¿Cómo se forman? y ¿qué son para la vida colectiva y la vida individual? La respuesta es igual de abarcadora y compleja, sin embargo puede esbozarse un intento que conteste tales interrogantes a partir de una propuesta en la que se trate de comprender a las instituciones como procesos que dan pie al orden social, a la adaptación del individuo a la sociedad (socialización) y al conocimiento subjetivo-objetivo de lo que constituye y conlleva la propia construcción de las diversas realidades sociales.
            La institución o las instituciones dotan de sentido a la vida social al adaptar y orientar el comportamiento de los sujetos en los diversos contextos de desenvolvimiento, tal hecho contiene fuertes implicaciones para el mantenimiento del orden social, por lo tanto las instituciones representan las bases para la estabilidad social. A pesar de ello, tal noción de las instituciones, quizá aparentemente estática, puede resultar alejada de una realidad social contemporánea y quizá histórica de desorden e inestabilidad en la gran mayoría de las sociedades mundiales. Esto no significa que las instituciones hayan dejado de funcionar o bien que ya no cobren ningún sentido y significado para la vida social, lejos de ello tal situación sólo refleja la condición dinámica de los procesos de institucionalización y por ende el dinamismo de nuestras sociedades reflejado en sus constantes cambios y transformaciones de orden cultural, político y en ocasiones económico. De esta manera, las instituciones llevan a cabo una doble función social al representar los fundamentos para la estabilidad e inclusive la armonía social, y al mismo tiempo constituir las principales vías para el cambio y la transformación de las sociedades. El cambio institucional implica cambios en la sociedad, la estabilidad institucional representa el orden social.      
                 

lunes, 23 de enero de 2012

El siguiente artículo se toma de La Jornada, por ser importante para los chihuahuenses y mexicanos avergonzados por esto.


Rarámuris: cinco siglos marginados

IVÁN RESTREPO

En medio de una intensa propaganda para insistir en el éxito de los programas oficiales contra la pobreza, una noticia echó a perder la fiesta de mensajes que se pagan con nuestros impuestos: sí hay hambre en la región Tarahumara y durante los sexenios panistas se agravó allí el problema. Especialmente en los municipios de Uruachi, Balleza, Morelos, Urique, Carichi y Batopilas, donde están los poblados de más carencias en México. Pese a tan desfavorable situación, el gobierno de Chihuahua precisó que los rarámuris tienen una fortaleza increíble. Ni duda: llevan cinco siglos marginados, despojados de sus recursos, víctimas de la corrupción y el caciquismo y… no se extinguen. Por algo forman parte de la raza de bronce.

Ocupado como estuvo en ser el candidato del Partido Acción Nacional a gobernar la ciudad de México, el ingeniero José Luis Luege, director de la Comisión Nacional del Agua, minimizó la falta de ese recurso en la Tarahumara, donde viven 100 mil indígenas. “No hay ningún problema porque tienen fuentes de acceso al agua”; las dificultades se concentran en el resto de Chihuahua. La terca realidad pronto lo obligó a rectificar.

Los testimonios sobre lo que sucede en esa parte de México destacan la situación de los menores de cinco años, en los cuales se ceba la desnutrición, las enfermedades y la muerte. Mal nutridas, las madres tampoco proporcionan suficiente leche materna a sus hijos y los centros donde los atienden son insuficientes y ubicados lejos de las comunidades donde el problema es mayor.

Como la falsa noticia del suicidio colectivo de 50 rarámuris recorrió el mundo, las organizaciones sociales y los medios llamaron, como en otras tragedias, a la solidaridad. No hubiera sido necesario de existir los programas gubernamentales tantas veces prometidos para sacar de la pobreza a los indígenas. Desde apoyos al sector agropecuario hasta dotar a los poblados de agua potable, educación, salud. Mientras llega el auxilio oficial y los de la sociedad, el gobernador de Chihuahua pide mil millones de pesos para “paliar” los efectos de la sequía, vía un programa de alimentos. El obispo de la Tarahumara señala que el problema continuará si no hay proyectos productivos que le permitan a los indígenas generar su sustento, elevar sus ingresos.

Y en Durango (donde también falta el agua) el candidato del Partido Revolucuionario Institucional critica severamente la insensibilidad del gobierno que encabeza el licenciado Calderón por negar los apoyos requeridos a las 20 entidades afectadas por la sequía, a través de un fondo de 10 mil millones de pesos. Elogios recibiría el culto licenciado Peña Nieto si los millones de pesos gastados en los recientes acarreos de sus “simpatizantes” en Monterrey y Durango, por ejemplo, se destinaran a los que más sufren por la falta de alimentos y agua. También son insensibles los funcionarios responsables de la agricultura, el manejo del agua, la salud, la creación de empleo, el desarrollo social. Y la clase política que malbarata decenas de millones de pesos en una publicidad que a nadie convence.

En olvidarse de los pobres, pocos como el arzobispo Antonio Chedraoui, de la Iglesia ortodoxa. Su cumpleaños es una fiesta a la que asisten importantes funcionarios, empresarios y políticos. La gente bonita, poderosa. Hasta el cardenal Rivera y el obispo Onésimo. El banquete por sus 80 años contó con la presencia de 3 mil personas. Ejemplo imborrable habría dejado el arzobispo si en vez de gastarse miles de pesos en su publicitado cumpleaños (en el que se refirió a la pobreza) los hubiera destinado a los que padecen en la Tarahumara.

Y mientras las instancias oficiales y la clase política se dicen indignadas por lo que sucede en esa parte de México, destaquemos dos luminosas declaraciones: la de Alberto Cárdenas, ex secretario de Agricultura (y de Medio Ambiente) en tiempos del señor Fox, que no ve en el país emergencia por la sequía, y dice que la solución de lo que pasa se ubica en Estados Unidos, que “perfectamente puede abastecer de alimentos al país”. Y la del titular de Salud de Chihuahua, Sergio Piña, al confirmar que la desnutrición es un problema endémico en la Tarahumara, pero se asocia a la manera incorrecta de comer.

Por eso estamos como estamos.



miércoles, 4 de enero de 2012

El eufemismo más estupido del 2012

En Chile en los libros de texto se cambió el perido de la "dictadura" por el de "régimen militar". No cabe duda de que la derecha chilena (que gobierna actualmente) desea borrar con la gramática lo que la historia no olvidará jamás: lo sanguinario de la dictadura militar chilena.                

miércoles, 28 de diciembre de 2011

TEORÍAS DEL DESORDEN Y DEL CAOS               



Ernesto Ortiz Diego

El sociólogo francés Georges Balandier es el representante de este enfoque de la teoría del desorden y del caos y de la sociología dinámica, orientado al estudio del cambio de los movimientos sociales y del futuro de las sociedades, busca dar respuesta a las preguntas de cómo, por qué y hacia dónde se encaminan las sociedades modernas.
Lo más significativo de Balandier es la reflexión que hace sobre el orden y el desorden. Señala que no hay un orden definitivo en los sistemas sociales, sino que existe siempre un desorden inherente al orden que amenaza permanentemente su desarrollo.
El gobierno de Ángel Aguirre, quien rentó las siglas del PRD, PMC y PT, ha caído en varios tipos de violencia como la provocada cuando las distintas corporaciones policíacas y el ejército asesinaron a dos estudiantes de Ayotzinapa el pasado 12 de diciembre: violencia catastrófica, porque cada vez se enreda más al tratar de inculpar a los estudiantes normalistas haciendo declaraciones absurdas a los medios informativos; violencia como instrumento político para eliminar a servidores públicos surgidos del PRD, para tratar de gobernar con viejos priistas como Humberto Salgado Gómez (secretario General de Gobierno), Raúl y Jorge Salgado Leyva (educación y finanzas), Jorge León Robledo, Silvia Romero Suárez (educación), Porfirio Camarena Castro (coordinación de asesores), es decir, los puestos más importantes donde se manejan las finanzas, la política y la educación; para el año entrante vendrán otras bajas en Desarrollo Social, Salud y la subsecretaría de Asuntos Políticos.
Balandier señala que el poder está sometido a constantes amenazas: “la de la verdad, que hace añicos la cortina de sus apariencias; la de la sospecha, que le obliga a revigorizarse periódicamente. Su alarde es la dramatización, que alcanza su mayor intensidad durante los periodos de vacío de poder como el que se está viviendo en Guerrero a raíz del conflicto del gobierno de Aguirre con la Escuela Normal Rural de Ayotinapa “Raúl Isidro Burgos”.
Los medios de información del gobierno de Aguirre: la dirección de Comunicación Social, Radio y Televisión de Guerrero y el grupo de pseudoperiodistas “chayoteros”, desatan una permanente y continua teatralidad de la politiquería de baja estofa y de muestran una incapacidad para calcular y dominar los efectos del espectáculo de la grilla de bajo nivel cultural.
Al mismo tiempo que las ideologías se debilitan, en situaciones de desorden y caos, aumenta el poderío de la opinión pública que apoya a los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. La opinión de la opinión pública termina por adquirir vida propia, cambia de forma, y queda disuelta la política en los mediático y en el espectáculo.
Balandier sugiere la necesidad de revaluar el concepto “desorden” e inicia la vía de la reflexión en esta dirección con el objeto de mostrar las múltiples vías de la relación orden-desorden-orden. Este planteamiento rompe con los esquemas estructuralistas de la determinación social y política; a partir de la observación del desorden en el seno de los partidos y del gobierno como ha estado ocurriendo con la relación gobierno de Aguirre-Ayotzinapa-movimientos sociales y en general en la sociedad civil podemos ampliar aún más esta reflexión.
Asimismo, el sociólogo Balandier, señala la necesidad de prestar atención a lo imprevisto en la política (como sucedió con el Caso Ayotzinapa), que de momento se recrudeció el 12 de diciembre con los asesinatos de los estudiantes, ya que en el sistema político existen zonas claras y zonas oscuras, estructuras muy formalizadas y no formalizadas que escapan al control gubernamental como sucedió con la policía federal y el ejército que escaparon del control del gobierno de Aguirre al disparar sus armas de alto poder contra los estudiantes desarmados.
Volveré con este mismo tema…


sociólogo (UIA), politólogo (IIEPA

miércoles, 14 de diciembre de 2011

La crisis de México: ¿económica y axiológica?                                 

Samuel F. Velarde

En los momentos actuales en que se gesta una crisis mundial financiera, relacionada con un capitalismo especulativo donde el mercado ha impuesto reglas del juego en ocasiones intolerables para las sociedades y donde el Estado en más de una ocasión, ha dejado de lado su función regulatoria, aunado a la incapacidad de las instituciones financieras de impedir con alto grado de seguridad la crisis como la griega,  nuestra crisis, se aprecia doblemente.
Primero, por la incapacidad del Estado en implementar políticas eficientes en relación con el empleo, la salud, la justicia y la educación, pilares fundamentales entre otros,  para sanear una estructura social. Donde los individuos puedan tener un escenario pleno de desarrollo y garantía sociales y que al enfrentarse a una crisis como la mencionada, existiera al menos un colchón de contención que impidiera un daño de mayor impacto entre la población. Sin embargo, las condiciones estructurales del país (aunque se pague la deuda a tiempo y lo macroeconómico sea el canto de los cisnes) no están para soportar una embestida como la esperada el próximo año.
Segundo, la debacle moral y política por la que atraviesa el País, una crisis no vista anteriormente donde se conjugan variables tales como la alta criminalidad, la impunidad, la corrupción, la crisis de valores inherentes a una sociedad que al perderlos, se da un vacio del entramado existencial o del ethos de los pueblos, por ende una pérdida de brújula y de objetivos como nación. Y a nuestro juicio esto ha permitido vulnerar más a México, en el sentido de que cada vez más su sociedad se ajusta y acostumbra a un clima de violencia y corrupción sin medida. Y lo más grave, donde se van dando generaciones de jóvenes sin una conciencia del ser mexicano, de compromiso hacia la patria o la nación, ni siquiera con un orgullo nacional basado en lo mejor de un país y si agregamos lo patético, el nacimiento de jóvenes asesinos, un lumpen producto de las circunstancias, de un sistema que desclasa y margina, que ofrece incluso la ocasión del gusto por matar.
Doblemente pues, la crisis del México actual se mueve a mi parecer en estos dos ejes. Ahora viene lo político, estamos a punto de entrar al umbral electoral, deteriorado por una clase política vanidosa, insistente en gobernar con las viejas pautas caciquiles y de dominación corporativa (incluido el PAN). Políticos que no pudieron cuajar una democracia más eficiente y justa, dejando a un lado los intereses nacionales por los partidistas. Justo ahora, en la crisis moral, los políticos no tienen la solución para salir de ella, al contrario, el fantasma de la corrupción y narcotráfico gira alrededor de ellos.
Finalmente ante la escatología del 2012, la crisis real se impone, habría que ver si la sociedad mexicana saca lo mejor de sí misma y exige sin miramientos un país mejor, o nos terminamos de hundir en un país de confusiones, mentiras, halagos míseros y conformismo, dándole el adiós, al México de nuestros sueños.

martes, 6 de diciembre de 2011

La izquierda mexicana y la reconstrucción de su imagen
José Roberto Hernández Fuentes

Hace poco más de dos semanas se llevó a cabo la presentación de los resultados de la encuesta que definiría al candidato de “las izquierdas” rumbo a los comicios electorales que se celebrarán en México el próximo año, dando como ganador en las preferencias de la población encuestada a Andrés Manuel López Obrador quien compitió con el actual Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubon. Ambos personajes notorios de la política nacional, ofrecieron un discurso en el cual se emplazaba a la unificación de las izquierdas, que pudiese conformar lo que hoy de se denomina como Frente Amplio Progresista. Se habló entonces de sanar las heridas internas que en los últimos años ha sufrido el principal partido representante de esta ideología política: el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Por lo cual, se exhortó a dejar atrás las divisiones y las diferencias que tanto han afectado políticamente la imagen de la izquierda en el país y sobre todo el éxito electoral del partido en cuestión.
No fue sino hasta ahora, con la virtual designación de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y la cabal y ejemplar postura política de Marcelo Ebrard al aceptar su derrota sin ningún tipo de resentimiento (ya que los resentimientos en la política son muy comunes), que “las izquierdas” han decidido conformar un solo bloque político rumbo a las elecciones federales del 2012. Con esta decisión, prácticamente tomada por Ebrard y AMLO, se pretende primeramente resarcir las grietas que han dejado los divisionismos internos a la principal fuerza política de izquierda en México, el PRD, además de consolidar una sola plataforma política en la que se concentren todas las propuestas provenientes de los partidos políticos y movimientos que manifiestan una inclinación hacia la izquierda del espectro político mexicano. Con esto, uno pensaría que se comienza la reconstrucción de la imagen de la izquierda en el país, y sin duda este sería el primer paso para tratar de recobrar la credibilidad de un electorado cada vez más suspicaz respecto a los movimientos y discursos de la clase política. Sin embargo, en los últimos días y como parte de los ajustes de precampaña que ha venido haciendo López Obrador se ha sumado y se pretende sumar a ciertos personajes de la política mexicana que en lugar de favorecer y fortalecer la imagen de la izquierda como alternativa política novedosa y eficiente, terminan por perjudicarla al contar con un historial político manchado por escándalos de corrupción e intrascendencia. Me refiero a la designación del senador por el Partido del Trabajo (PT) Ricardo Monreal Ávila como coordinador de la campaña de López Obrador rumbo a la presidencia de la república, así como la sorpresiva  invitación que AMLO le hiciera a Manuel Bartlett Díaz (tal cual lo afirmó este último en diversos medios) para competir por una senaduría representado a lo que se pretende consolidar como el Frente Amplio Progresista, es decir el bloque político de las izquierdas en México.
   Por un lado, el ahora senador Ricardo Monreal Ávila ex-gobernador del estado de Zacatecas ha sido relacionado con algunos hechos corruptos como lavado de dinero y sobre todo aquel escandaloso caso en el que se descubrieron varias toneladas de marihuana en las bodegas situadas en el rancho de uno de sus hermanos. En lo que concierne a Manuel Bartlett Díaz, este fue uno de los elementos clave del antiguo régimen antidemocrático priísta. Famoso por haber sido parte de aquella súbita “caída del sistema de cómputo” en el periodo electoral de 1988 cuando fungía como Secretario de Gobernación y al mismo tiempo presidía la extinta Comisión Federal Electoral, tal manipulación de los comicios dio como vencedor al polémico Carlos Salinas de Gortari sobre el infortunado Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Bartlett Díaz es un histórico miembro del Partido de la Revolución Institucional (PRI) que formó parte, de diversas maneras, del régimen autoritario y antidemocrático priísta.
     Más allá de que no se hayan encontrado elementos que responsabilizaran a Ricardo Monreal sobre las acusaciones de corrupción que se le han hecho y no verse involucrado directamente con lo sucedido en las bodegas de su hermano, así como el presunto distanciamiento que dice tener Bartlett Díaz con su partido por (según él) haberse alejado de la ideología de centro-izquierda que otrora lo caracterizaba, y que por ende ha sido “tentado” a acceder a la invitación hecha por el principal representante de la izquierda en México, el Frente Amplio Progresista como aglutinador de todos los partidos políticos y movimientos de izquierda en el país debe tener mayor cuidado y responsabilidad a la hora de incorporar y hacer invitaciones a ciertos personajes de la vida pública mexicana, sobre todo cuando de alguna u otra manera han sido señalados en casos y hechos de corrupción, ya que esto puede, si no es que lo hace, causar desconfianza en un electorado que seguramente estará más atento a lo que sucede con las alternativas políticas que se le presenten para los siguientes comicios federales. De esta manera, la suma de figuras políticas como las que acabamos de mencionar sólo dañaran la ya de por si dañada imagen de la izquierda mexicana, misma que recién empieza a reconstruirse.
    Por el contrario, Andrés Manuel López Obrador como el actual abanderado de esta ideología política en el país, debe de hacer un mayor esfuerzo por verdaderamente renovar a la izquierda mexicana, apuntalándola como una alternativa política incluyente, vinculada directamente con la ciudadanía, y así recurrir a la sociedad civil en busca de líderes sociales realmente comprometidos con sus comunidades, echar un vistazo al ámbito académico nacional donde seguramente encontrará excelentes prospectos para posibles asesores de su campaña, al mismo tiempo que busque rescatar la energía y el entusiasmo de los jóvenes mexicanos que pueden ser un verdadero motor de cambio para la sociedad mexicana. Se trata entonces de refrescar la imagen de la izquierda en México, de construirla en base a un verdadero espíritu progresista que sólo se encontrará en las trincheras ciudadanas, en las comunidades, en la juventud mexicana que anhela conocer una democracia más plena y realmente efectiva para la vida social y política de los mexicanos. Ese progresismo que pregona la izquierda tiene que ser congruente y no atascarse invitando e incorporando a sujetos con un pasado oscuro que sólo frenarán, consciente o inconscientemente, ese progreso. Si la izquierda mexicana quiere tener éxito en el próximo periodo electoral con López Obrador al frente, debe procurar, primordialmente, reconstruir su imagen dañada, llevando a cabo una limpieza interna e intentando conformar una alternativa política ampliamente legitimada por los diversos sectores sociales, lo cual sólo puede lograrse estableciendo un estrecho vínculo con la sociedad civil mexicana, donde prive el dialogo y la corresponsabilidad.