sábado, 8 de enero de 2011

Tocqueville y la democracia

Ernesto Ortíz Diego (sociólogo y politólogo)
 
Tocqueville, no suele figurar entre los inspiradores del pensamiento sociológico. “Creo injusto este desconocimiento de una obra importante”; dice el sociólogo francés Raymond Aron. Tocqueville difiere tanto de Comte como de Marx. En lugar de otorgar primacía al hecho industrial, como Augusto Comte, o al hecho capitalista, como Carlos Marx, sitúa en primer plano el hecho democrático.
El 29 de julio de 1805, nació en Francia Alexis Tocqueville, descendiente de una antigua familia de la aristocracia francesa; de mayo de 1831 a febrero de 1832, realizó investigaciones en Estados Unidos; en 1833 viaja a Inglaterra, después de analizar los gobiernos de estos dos países anglosajones, en 1835 publica La Democracia en América, una de sus obras principales con la que obtiene un inmenso éxito. Tocqueville escribió dos libros fundamentales, La Democracia en América y El Anciano Régimen de la Revolución. El libro acerca de Estados Unidos se propone responder a la pregunta: ¿ Por qué en Estados Unidos la sociedad democrática es liberal? En cuanto a El Anciano Régimen de la Revolución, pretende responder a la interrogante: ¿Por qué Francia tiene tanta dificultad, en curso de una evolución hacia la democracia, para mantener un régimen político de libertad?
En el pensamiento de Tocqueville, la democracia es la igualación de las condiciones. Es democrática la sociedad donde ya no perduran las distinciones de los órdenes y las clases, donde todos lo individuos que forman la colectividad son socialmente iguales, lo que por otra no significa intelectualmente iguales, lo que sería absurdo, ni económicamente iguales, cosa que de acuerdo con Tocqueville sería imposible. La igualdad social significa que ya no hay diferencias hereditarias de condiciones, y que todas las ocupaciones, todas la profesiones, todas las dignidades, todos los honores son accesibles a todos. Por lo tanto, en la idea de democracia están implicadas al mismo tiempo la igualdad social y la tendencia a la uniformidad de los modos y los niveles de vida.
La tesis de Tocqueville es, la siguiente: la libertad no puede fundarse sobre la desigualdad, por lo tanto debe afirmarse sobre la realidad democrática de la igualdad de condiciones, y salvaguardarse mediante instituciones cuyo modelo ha creído hallar en Estados Unidos.
En su libro L´Ancien Régime et la Révolution es una interpretación sociológica de una crisis histórica, que se propone hacer inteligibles los acontecimientos. Inicialmente, Tocqueville observa y razona como un sociólogo. Rehúsa aceptar que la crisis revolucionaria sea un simple mero accidente. Afirma que las instituciones del antiguo régimen se derrumbaron tan pronto se descargó la tempestad revolucionaria. Agrega que la crisis revolucionaria tuvo caracteres específicos porque se desarrolló como una revolución religiosa.
Este es el centro del análisis sociológico de Francia por Tocqueville. Este texto es fundamental. Ante todo, vemos en él la concepción más o menos aristocrática del gobierno de las sociedades, característica tanto de Montesquieu como de Tocqueville. Los dos sociólogos no vacilan en reunir ambos adjetivos. No son demagogos; tampoco son cínicos. Escribían en una época en la cual los que no poseían recursos económicos no podían instruirse. En el siglo XVIII, sólo el sector rico de la nación podía tener cultura.
Por eso, en el despertar del siglo XXI, Julian Assange, fundador de Wikileaks, merece vivir porque ha traído a todos los pueblos del mundo, información que había estado reservada sólo para los poderosos mafiosos.
En la Asamblea Constituyente, Tocqueville, representó un papel muy importante, en su carácter de miembro de la Comisión que redactó la Constitución de la II República.
Un fragmento de su Discurso en la Cámara de Diputados, el 29 de enero de 1848, Tocqueville, dijo: “Cuando investigo en diferentes tiempos y épocas, y en diferentes pueblos, cuál fue la causa eficaz que provocó la ruina de las clases que gobiernan, percibo claramente un acontecimiento, un hombre, una causa accidental o superficial; pero creedme si os digo que la causa real, la causa eficaz que determina que los hombres pierdan el poder, es que han llegado a ser indignos de detentarlo”. Tocqueville falleció en Cannes, el 16 de abril de 1859.

martes, 21 de diciembre de 2010

Por considerar una  información valiosa para el análisis de lo que sucede en  Ciudad Juárez, se adjunta el siguiente sitio de RADIO NEDERLAND.

http://www.rnw.nl/espanol/article/ciudad-ju%C3%A1rez-zona-de-guerra

lunes, 20 de diciembre de 2010

Diego sano y salvo: formidable…pero ¿qué sigue?

Samuel F. Velarde
La liberación de Diego Fernández de Cevallos es bienvenida, pues ningún ser humano tiene derecho a perder su libertad y transitar por la enorme presión psicológica que este personaje sufrió. La cantidad de dinero que se tuvo que pagar por su liberación ha de haber sido enorme, de la dimensión de su fama sería el pago del rescate. Como bien reza el dicho mexicano “del tamaño del sapo, es la pedrada”. Sin embargo es muy preocupante que el país esté inmerso en una vorágine de violencia y violación de los derechos humanos, con el ritmo alcanzado hasta ahora.

Por otro lado, es muy lamentable que la violencia se manifieste a lo largo de la frontera norte de forma indiscriminada, donde varias personas sin importar género o edad, han corrido una suerte diferente al señor Fernández de Cevallos. Para muchos es insólito que un país como el nuestro, donde al menos la generación cincuentona le apostábamos a un país distinto, se encuentre metido en un remolino peligroso. Asimismo es triste que los jóvenes de hoy sufran esta amarga experiencia, que de alguna manera diezma los sueños de algunos de ellos, al no poder tener garantías casi de nada, incluso de vivir al día siguiente. Esta situación desestabiliza también el ahínco democrático con que iniciamos el siglo XXI y de hecho, borra en buena medida el deseo de perfeccionar a la democracia, pues muchos buscan sobrevivir y pasar desapercibidos.

Es sano que Diego Fernández haya regresado vivo, al menos el país se ahorra la especulación y la tristeza, ya casi sin validez humana. Lo ideal es que también regresaran los que en estos momentos están secuestrados y sometidos, lo milagroso es que en el 2011 esto parara de una vez por todas.

sábado, 18 de diciembre de 2010

AUGUSTO COMTE, FUNDADOR DE LA SOCIOLOGÍA

Ernesto Ortiz Diego *

Augusto Comte, es ante todo el sociólogo de la unidad humana y social, de la unidad de la historia humana. Nació en Montepellier, Francia, el 19 de enero de 1798 en el seno de una familia católica monárquica. Entre 1814 y 1816, estudia en la Escuela Politécnica, medicina y filosofía, la cual es cerrada por sospecha de jacobinismo. En agosto de 1817, Comte ocupa el cargo de secretario de Henri de Saint-Simon, el filósofo del industrialismo.

En 1824, escribe el Sistema de Política Positiva, en abril de este mismo año, Comte vendió este trabajo a Saint-Simon, que lo presentó en el Catecismo de Industriales sin nombre del autor. Estalla la disputa entre ambos. En adelante Comte hablará de la “desastrosa influencia” ejercida sobre él por “un funesto vínculo” con un “saltimbanqui depravado”. El sociólogo Raymond Aron, considerado el mejor biógrafo de Comte, estudió las tres etapas del pensamiento del gran pensador francés, son tres momentos que afirman, explican y justifican la tesis de la unidad humana. Estas tres etapas están caracterizadas por las tres obras principales de Comte.

La primera entre 1820 y 1826, es la etapa de Opuscules de philosophie sociales. La segunda etapa está formada por las lecciones del Cours de philosophie positive (publicado de 1830 a 1842), y la tercera por el Systéme de politique positive o Traité de sociologie instituant la religión de L´humanité (publicado de 1851 a 1854). En la primera etapa, en los Opuscules, son la descripción y la interpretación del momento histórico que la sociedad europea atraviesa a comienzos del siglo XIX. Desde esta época, Comte extrae de este análisis de la sociedad en que vive la conclusión de que la reforma social tiene como condición fundamental una reforma intelectual.

En la segunda etapa, la del Cours de philosophie positive, aquí aparece la ciencia nueva, la sociología, que como reconoce la prioridad del todo sobre el elemento y de la síntesis sobre el análisis, tiene como objeto la historia de la especie humana. En la tercera etapa de su pensamiento, viene a justificar esta unidad de la historia humana como una teoría que se ocupa simultáneamente de la naturaleza humana y de la naturaleza social.

Augusto Comte expuso su concepción de la ciencia nueva llamada sociología en los tres últimos volúmenes del Cours de philosophie positive, y sobre todo en el tomo IV. Comte relaciona su propio pensamiento con el de tres autores a quienes presenta como inspiradores o predecesores: Montesquieu, Condorcet y Bossuet. Augusto Comte explica la diversidad enumerando tres factores de variación: la raza, el clima y la acción política. Al examinar el papel de la acción política, volvemos a encontrar el providencialismo. En efecto, Comte se propone ante todo quitar a los hombres políticos y a los reformadores sociales la ilusión de que un individuo, por grande que sea, puede modificar sustancialmente el curso necesario de la historia.

Es verdad que la fatalidad es cada vez más modificable, a medida que pasamos del mundo de las leyes físicas al de las leyes históricas. Gracias a la sociología, que descubre el orden esencial de la historia humana, quizá la humanidad pueda compensar los retrasos y reducir el costo del advenimiento de positivismo. Pero, en función de su teoría del curso inevitable de la historia, Augusto Comte se opone simultáneamente a las ilusiones de los grandes hombres y a las utopías de los reformadores.

La nueva ciencia social propuesta por Comte, es el estudio de las leyes del desarrollo histórico. Se funda en la observación y la comparación, y por consiguiente en métodos análogos a lo que se utilizaron en otras ciencias, y particularmente en biología; pero estos métodos estarán determinados hasta cierto punto por las ideas fundamentales de la doctrina positivista, por su concepción de la estática y la dinámica, ambas sintéticas. La estática y la dinámica son las dos categorías fundamentales de la sociología de Augusto Comte. La estática consiste esencialmente en estudiar lo que él llama el consenso social. Y la dinámica, es la descripción de las etapas recorridas por las sociedades humanas.

La parte íntima de Augusto Comte, siempre fue crítica, en 1825 contrae matrimonio con Caroline Massin, antigua “celestina”. Este matrimonio, resultado de “un cálculo generoso”, dirá el propio Comte, “fue el único error realmente grave de mi vida”. Entre 1826-1827, Comte agobiado por una primera fuga de su mujer y el cansancio intelectual, sufre una crisis mental y poco después intenta suicidarse. En 1845, “El año sin igual”, Comte declara su amor a Clotilde de Vaux, que sólo le concede su amistad, declarándose “impotente para lo que sobrepase los límites del afecto”. El 5 de abril de 1846, Clotilde de Vaux muere en presencia de Augusto Comte, que desde ese momento le consagra un verdadero culto.

Y desde aquella vida trágica y melancólica, Comte se dedicará a la sociología de tiempo completo, en 1847 proclama la religión de la humanidad; en 1848, funda la Sociedad Positivista. Y el 5 de septiembre de 1857, muere en París, en el número 10 de la calle Monsieur-le-Prince, en medio de sus discípulos. En paz descanse, el fundador de la Sociología, ciencia que el autor de esta biografía estudió en la Universidad Iberoamericana-Ciudad de México.

* sociólogo guerrerense, fue profesor fundador de la licenciatura en sociología de la UACJ.

martes, 14 de diciembre de 2010

¿Lumpenización de la sociedad mexicana?


Samuel F. Velarde

Luego de visitar la República de Corea para asistir a un congreso en la Universidad de Estudios Extranjeros de Busan, me hice las siguientes reflexiones. Corea del Sur en los sesentas era un país con un nivel de crecimiento económico menor al nuestro. Sin embargo el PIB en los años setentas comenzó a avanzar de manera constante en el país asiático, por ejemplo en 1976 fue de 10.6 contra 4.2 de México. Lo anterior se llevó a cabo entre otras cosas por un proyecto económico sostenido, el Estado burocrático-autoritario da la pauta para este crecimiento basado en las exportaciones y en donde se apoyan grandes empresas para lograrlo, por otro lado, con una alta inversión en la educación se consigue fortalecer a cuadros de especialistas en varias ramas de la ciencia y tecnología. Con esto, la pobreza se fue eliminando de la sociedad surcoreana, a la fecha el ingreso per cápita en dólares en Corea del Sur es de 22,000 dólares contra 8,000 en México, es decir las cifras no mienten y reflejan los grados de crecimiento económico y su repercusión en la sociedad.

Por supuesto que los surcoreanos padecieron una dictadura militar (Park Chung –hee 1963-1979) bastante férrea y con un costo social demasiado alto, pero es un hecho que a partir de su transición a la democracia (1987) lograron cimentar una sociedad con un alto estándar de vida. La sociedad civil surcoreana ha aprendido a participar y ser contestataria cuando es necesario. De hecho, se radicaliza fácilmente sobre todo en el sector estudiantil, aunque si posee un alto sentido de lo que es la democracia, defiende la institucionalidad y los derechos sociales, no es una sociedad civil fragmentada ni maniatada, menos sumisa o pasiva.

Sin embargo, en nuestro país las cosas son diferentes se ha empobrecido a una gran cantidad de personas, se carece de un proyecto económico incluyente y dinámico, que a la vez produce millones de pobres y lo que es peor, a un sector lumpen de la sociedad a la cual Marx se refería muy bien como el sector sin conciencia ni ideología, dispuesto a ser carne de cañón de intereses mezquinos y sin escrúpulos. Así, la sociedad civil mexicana se fragmenta a raíz de las grandes desigualdades sociales,  carece de una red intersectorial que pudiera organizar un gran proyecto conjunto y una movilización dinámica que le otorgara a la sociedad civil mayor autonomía y un nivel de exigencia hacia el Estado.

Hoy el país se desbarata, se pulveriza peligrosamente y se convierte en una estructura anárquica, en donde las instituciones se devalúan cotidianamente, la ley se minimiza a tal grado de parecer inexistente. Bajo este panorama, se pierden las esperanzas y las expectativas, todo parece ser tan surrealista y cínico a la vez, donde fácilmente se disuelve un Estado de derecho y las soluciones a tal fenomenología parecerían no existir. En Ciudad Juárez, como en varias partes del país la violencia se ha agudizado, se ha empoderado como una vertiente del capitalismo salvaje, en que la falta de ordenamiento económico, oportunidades y la carencia de desarrollo humano para miles de personas, ha favorecido ya no solamente una clase proletaria sin conciencia de sí, sino lo más peligroso, un lumpen proletariado (desempleados, desclasados, pandilleros) del que hablábamos arriba, dispuesto a destruir los valores establecidos, pero no para crear o transformarlos a otros mejores por supuesto, sino para edificar un estado de cosas donde la barbarie se imponga y secuestrar así, a la sociedad e instituciones, un lumpen que algunos teóricos sociales (Marx, Engels, Bakunin) ya visualizaban desde los siglos XIX y XX, incluso el mismo Mao Tse- tung decía que “Ante la imposibilidad de obtener una forma honorable de ganar la vida, muchos de ellos se ven obligados a utilizar métodos ilícitos, tales como rateros, pandilleros, pordioseros profesionales y prostitutas […] esta gente carece de cualidades constructivas y tienden fácilmente a la destrucción“.* Que dicho sea de paso, este fenómeno (de la lumpenización de la sociedad) debería abordarse actualmente con este paradigma o concepto teórico, que tal vez pudiera ayudar a entender mejor la descomposición de sociedades productoras de pobres y su empuje a las organizaciones criminales, para lograr establecer el grado de decadencia e inoperatividad (al menos en términos humanos) de nuestras sociedades capitalistas deformes.**

La violencia se ha convertido en un objeto de estudio multifactorial y multidisciplinario, esto es bueno en la medida de que cada vez podemos conocer más sobre sus causas y consecuencias, pero asimismo creo que nos da una triste pauta sobre la evolución de su barbarie (entonces hobbesianamente hablando ¿el Estado ha fallado?). Pero lo fundamental, lo importante, es sacar de todo ello un mejor resultado, soluciones, viabilidades para aminorarla, más allá de estrategias policiacas o militares, necesitamos pensar que la violencia es estructural, de actitudes y conductas, producto éstas de un estado de miseria humana sin límites, es decir fruto de estructuras sociales vergonzantes.

Aún así, la sociedad mexicana en general y nuestra sociedad juarense caminan, la pregunta es ¿hacia dónde? Las ciencias sociales especialmente la sociología, tienen un reto enorme; convocar al análisis, al diálogo, pero también prevenir sobre futuros desastres y riesgos que como van las cosas, todo indica en esa dirección. Finalmente la sociedad civil mexicana como en Corea del Sur, Brasil y Argentina, debiera ser más contestataria y organizada, pues da la impresión de que ni los partidos políticos ni la clase política mexicana funcionan hoy en día y a mi juicio, la movilización, es la única salida ante el estado de indefensión en la que se encuentra hoy en día nuestra sociedad.

Bibliografía
Montaño, Jorge (1979) Los pobres de la ciudad en los asentamientos espontáneos. Ed. Siglo XXI, México.
Citas
*Ver Mao Tse-tung “Análisis en las clases en la sociedad china”, en Obras escogidas, Buenos Aires. Ed. Platina. Tomo 1, p.17. 1960

**Con esto me refiero a no poder conseguir un capitalismo con beneficios transversales, donde los distintos sectores sociales participaran del plusvalor social de la producción.

domingo, 21 de noviembre de 2010

A cien años del comienzo de la lucha por la    democracia             


Por: José Iván Flores Monarrez  *

    La palabra democracia etimológicamente parece ser bastante clara. En términos coloquiales es “el poder del pueblo”. Aparentemente es la forma de gobierno ideal, donde la opinión de todos vale lo mismo. Cien años han pasado ya desde que México dio el paso hacia eso que llamamos democracia y al parecer tropezamos en el camino.
  Al igual que hace dos meses, la fiesta sigue y parece no tener fin. Fiesta para los que ostentan el poder, aquellos que no miran para abajo, los que se aferran a una vaga idea de lo que es gobernar y que no les importa derramar sangre con tal de pasar a la historia, aunque sea escribiendo con tinta roja páginas de derrota sobre un papel tan negro como sus conciencias.
  En nuestra ciudad no festejamos la revolución porque a pesar de ser la cuna de dicho movimiento nuestra historia ha perdido todo sentido. La dinámica social se vuelve turbia entre las balas.
  Con el paso de la estafeta, corroboramos lo que era de esperarse, se destapó la cloaca: nos prometieron un carruaje con carril exclusivo y nos dieron una calabaza que ni los ratones quieren arrastrar. La procuración de justicia le puso la cereza al pastel de la corrupción y reveló de qué lado estaban. Asimismo, omitieron las sentencias dictadas por la CIDH y se atrevieron a premiar el desfalco del payaso de la tele con la reelección.
  Los estudiantes no debemos ser ajenos a esta situación, porque nos siguen pegando abajo. A nivel medio superior y superior hemos sido víctimas de la borrasca. Salvarcar y Horizontes del sur no se borrarán de nuestras memorias. Han trastocado uno de nuestros puntos más sensibles: la escuela.
  El cambio no llegará solo, es algo que debemos provocar; algo así como una revolución. Pero no se confunda el término, la revolución debe ser intelectual, dentro y fuera de las aulas, no combatiendo al prójimo sino a la ignorancia. Revirtamos la paradoja en la que vivimos, hagamos de nuestra ciudad una metrópoli bajo la premisa de modernidad democrática y no por la cantidad de sus  habitantes.

Nuestra carabina está cargada de ideas: preparen... apunten... Fuego!

* Estudiante del último semestre de  la carrera de Administración  y coordinador del periódico electrónico El Juglar del ITCJ.

sábado, 20 de noviembre de 2010

La Revolución mexicana y su herencia socio-histórica: una aportación en perspectiva

Extracto de la ponencia presentada en el Instituto de Estudios Iberoamericanos de la Universidad de Estudios Extranjeros de  Busan, República de Corea, el 16 de octubre del 2010.
 
Samuel F. Velarde

 
La huella de la revolución mexicana es prácticamente visible hoy en día, no solamente en términos históricos sino en lo social, la revolución construyó un modelo de país (es decir el México posrevolucionario) demasiado sui generis, se formó un partido hegemónico, se constituye un sistema político autoritario flexible, pues detrás de él hay todo un entramado institucional de bienestar que disimula un autoritarismo fuerte. Se esculpe una ideología nacionalista que intenta homogenizar las diferencias sociales y étnicas de un país inmenso en lo geográfico, pero profundo diría Guillermo Bonfil en sus grandes contrastes, pues dista mucho un Chiapas selvático y caciquil a un norte desértico e industrioso cercano a Estados Unidos, aparentemente más igualitario, o ese México contemporáneo simbólicamente plasmado en el modernismo de los grandes edificios de la Ciudad de México contra los cientos o miles de pueblos que se caracterizan por su pobreza extrema y su ignorancia. Por otro lado, una sociedad que se ve forzada a asumir un paternalismo de Estado producto del proceso hegemónico de un partido casi único, que con el tiempo paraliza la posibilidad de una sociedad civil de mayor autonomía y con capacidad de respuesta hacia el autoritarismo paternalista.

La arquitectura sociopolítica del México posrevolucionario merece un reconocimiento analítico por la forma en que se fue constituyendo, más que ponderar a un sistema que no fue precisamente democrático o que no pudo terminar con los rezagos históricos como la pobreza, aun así, se edifica un país con cierta estabilidad institucional y además se configura una identidad nacional que permite ser pilar fundamental del proyecto posrevolucionario. La educación fue un factor importante en este equilibrio social a pesar de las dificultades estructurales. “En efecto una instancia socializadora decisiva en la formación de ese sentido de pertenencia a México como proyecto colectivo ha sido la escuela y más concretamente la escuela pública, magna obra de los gobiernos posrevolucionarios, a las que estos confiaron la tarea de formar precisamente una conciencia nacional […]” ( Gutiérrez y Gutiérrez, 1993; 91). Y esta conciencia o identidad nacional determinaron la constitución de un México moderno, más allá de errores u omisiones en los modelos educativos se produjo un país que tuvo la capacidad de convivir pacíficamente con una cultura multiforme, una cultura cimentada en un nacionalismo mítico, en una pre hispanidad de orgullo nacional, ¿qué niño en la década de los cincuenta y sesenta no le enseñaban sobre las chinampas, sobre el rey poeta Netzahualcóyotl, o sobre la expropiación petrolera de 1937 ejercida por el General Lázaro Cárdenas? Y qué decir de las glorias estéticas producto de una política cultural de la revolución mexicana: Diego Rivera, Clemento Orozco y Siqueiros, los notables muralistas que plasman la vida histórica de México y orientan el sentimiento nacionalista de toda una corriente no solamente pictórica, sino que se refleja también con los grandes músicos como Silvestre Revueltas, Carlos Chávez, Pablo Moncayo entre otros, en el cine con Fernando de Fuentes y Emilio “El indio” Fernández, donde se exalta el paisaje mexicano del nopal, el indígena y el cielo, como alegorías o simbolismos nacionales. Entonces la mexicanidad, el corporativismo del Estado, incluso nuestra vecindad con Estados Unidos, son los ingredientes que fecundan un nacionalismo en cierta manera funcional, una herencia socio-histórica que se plasma constantemente en el mexicano de 1920 hasta el de 1985, año en que la revolución pierde legitimidad como discurso y como hecho histórico en sí, al iniciarse las políticas neoliberales de más mercado y menos Estado.

La revolución formó parte sustancial de una generación que la vivió en su momento, pero también de las subsecuentes, aquellas generaciones que usufructuaron (por así decirlo) sus incipientes o enormes frutos, la primera fue una generación que la vive sufriendo penalidades en carne propia, pero con esperanza de un país mejor, con nostalgia reproducen una historia oral con los más jóvenes hablando sobre anécdotas y leyendas de Villa, Zapata, Madero, Felipe Ángeles, Pascual Orozco, (en lo personal recuerdo a mi bisabuelo hablar de Pancho Villa y sus andanzas por Chihuahua), esto le daba a la revolución un sentido mítico-popular, era una forma de entenderla e interpretarla desde el pueblo. Luego las posteriores generaciones se vieron beneficiadas con el reparto de tierras, educación gratuita, sindicatos oficialistas que son solapados por el Estado a cambio de apoyo político vía votos, en esas elecciones sui generis casi ficticias pero que legitimaban al status quo, también vendría una seguridad social eficiente, libros de texto gratuitos, desayunos escolares y programas de vivienda. Es decir, cualquier política del Estado benefactor se hacía en nombre de los logros de la revolución mexicana.

A nivel internacional la revolución tuvo un eco importante a través de la política exterior impulsada por los gobiernos posrevolucionarios, la “doctrina Estrada” en honor a su creador el diplomático mexicano Genaro Estrada Félix, le posibilita a los gobiernos instrumentar acciones diplomáticas que les dieron prestigio internacional, por ejemplo la condena de México ante la Sociedad de las Naciones por la invasión de Etiopia por parte de Italia o la invasión de Austria por la Alemania nazi, asimismo el apoyo a la República Española y el asilo político a cientos de republicanos españoles, así como al creador del ejército soviético León Trotsky, todo esto durante el gobierno de Lázaro Cárdenas.