miércoles, 10 de febrero de 2010

Colaboración de un lector.





2010 para México…. ¿que vendrá?
Alfredo Quiñones*

Todos en México y especialmente en Chihuahua vivimos a diario un ambiente de duda, estrés, cansancio, angustia, dolor al borde de la locura y luego nos preguntamos ¿por qué el sufrimiento de la sociedad y la estupidez de los gobiernos en todos los niveles? o tal vez la duda es ¿que ocultarán? ya que no puede ser posible que todo lo que ocurra lo sepa y lo vea la gente, mientras el gobierno que supuestamente debe estar capacitado a solucionar el caos y detenerlo, se vea imposibilitado en hacerlo.

No me considero una persona supersticiosa y que ve en la historia especulaciones, no creo muchas cosas que la gente habla por hablar, pero charlando en cierta ocasión con un americano, mencionaba que en México aproximadamente cada 100 años, existen las condiciones para que haya una guerra interna o cambio violento, al escuchar esto del anglosajón, me dediqué a investigar y encontré lo siguiente, al finalizar la década de inicio de siglo, se han suscitado hechos muy importantes.
El 1510 España prepara la conquista de México, que abarca 300 años por 63 virreyes españoles. 1810 Miguel Hidalgo convoca a los feligreses a levantarse en armas en contra del régimen español en el famoso grito de Dolores. El 1910 se inicia la revolución mexicana, rebelión en contra de la dictadura de Porfirio Díaz, que se mantuvo 33 años en el poder. Hoy el 2010 ¿Que acontecerá? No hay que tener una posición pesimista, catastrofista, pero tampoco hay que rechazar la historia que muestra esta teoría, donde los cambios violentos se han dado casi puntualmente. Juzga tú mismo esta coincidencia o capricho histórico.

Estudiante ITCJ

lunes, 8 de febrero de 2010


El riesgo de nacer en el riesgo.
José Roberto Hernández Fuentes.

Hace algunos años atrás, un connotado sociólogo alemán de nombre Ulrich Beck escribía sobre lo que el denominaba la sociedad del riesgo (1986). En dicho análisis se detallaban los elementos que caracterizaban la vida social e individual en los ámbitos sociopolítico y cultural y, al mismo tiempo se realizaba una prospectiva que preveía cambios en la estructura social moderna, en otras palabras, el autor planteaba el inicio de una fase que nos conduciría a una nueva modernidad, la cual estaría estigmatizada por la incertidumbre y el desasosiego que implica el riesgo. Pues bien, hoy en plena década del siglo XXI estamos viviendo en aquel premeditado escenario.
En la actualidad, el riesgo se ha vuelto una constante en la vida cotidiana de los sujetos, el mundo social moderno se reconfiguró de tal forma que dejó de lado aspectos como la seguridad y la sustentabilidad, dejándose llevar completamente por la seducción científica y el dominio, control y poder que aparentemente le aseguraba su constante evolución. Pero se cometió un error que hoy mantiene al hombre en un impasse reflexivo: se deterioro cuasi totalmente la relación con la naturaleza. Quien fuese desde un inicio la principal aliada de la humanidad y la única proveedora de las condiciones necesarias y exclusivas para la subsistencia, la madre naturaleza, hoy ha entrado en un conflicto grave con los seres humanos. Y es que con el paso del tiempo, ésta relación presentó cambios importantes en una de las partes involucradas. El hombre gradualmente fue deshumanizándose hasta llegar a un punto donde se olvido por completo de los códigos de ética preestablecidos en su interacción con el ecosistema, llegando a un estado de materialización que lo avocó irracionalmente a un absurdo e intolerable consumismo radical. La extracción desmedida de recursos naturales y la desenfrenada producción industrial poco a poco han ido trastocando la estabilidad ambiental y degradando la calidad de vida del ser humano.
Asimismo, el en ámbito cultural hemos sido testigos de la secularización axiológica de las nuevas generaciones, de las transformaciones institucionales y de la resignificación de la vida, que han dado como resultado la desconexión de los vínculos para la solidaridad social y la suspicacia constante como característica de las relaciones sociales contemporáneas. De la misma manera, la tradición ha sido enviada al baúl de los recuerdos y poco utilizada para la construcción de una cultura cívica que respete y de continuidad a las glorias del pasado en conjunto con las circunstancias del presente.
La política surge hoy en día como el ámbito más denostado de la vida social, ya que es relacionado con aspectos tales como la corrupción, deslegitimación, demagogia, abuso de poder, irresponsabilidad, desfachatez, entre otros calificativos que se ha ganado a pulso por no tener (o no demostrar) la capacidad suficiente de llevar a las comunidades y sociedades representadas a contextos o escenarios sociales más prometedores.
En tanto que la economía funge como el principio fundamental que impera en la actual dinámica social, en donde los individuos se esfuerzan y luchan constante y cotidianamente por mantener cierto grado de seguridad y bienestar económico, permaneciendo en el vilo de las fluctuaciones causadas por un sistema financiero global que no se caracteriza precisamente por la estabilidad ni la certidumbre a futuro.
Por último, se han agudizado los problemas que aquejan la seguridad nacional y pública de los países. Fenómenos delictivos como el crimen organizado y el terrorismo mantienen en la cuerda floja el orden social de las naciones, debilitando el poder del Estado al vulnerar sus marcos institucionales.
Todo esto es en términos muy generales el contorno de una macroestructura social determinada por el riesgo. Los que nacimos y vivimos bajo éste contexto no sólo no hemos sido capaces de encontrar una respuesta ante tales situaciones, sino que hemos sido partícipes del abandono de la esencia humana a raíz de la trivialización de los principios éticos y morales que promovían una interconexión social más solidaria y armónica que funcional y automatizada como lo que hoy prevalece. El riesgo de nacer y vivir en el riesgo no sólo implica estar al límite de nuestras posibilidades, sino ser incapaces de que en los momentos más álgidos de nuestra existencia, en pleno paroxismo sistémico, no echemos mano de las virtudes del corpus epistemológico hasta ahora construido bajo el eslogan del progreso social y humano, y que éste solamente fuese utilizado para la satisfacción de los efímeros placeres de la vanidad y el egoísmo de los hombres.

viernes, 15 de enero de 2010

Y si las cosas siguen así… ¿qué pasará en este 2010?
José Roberto Hernández Fuentes.

La crítica situación por la que atraviesa la sociedad mexicana en todas las dimensiones de la vida social, aunado a la memorable fecha histórica que viviremos éste año 2010, nos conduce a imaginarios que provocan el desasosiego y la incertidumbre en los habitantes de éste país. Y es que por el tipo de condiciones en las que se lleva a cabo la vida cotidiana de los mexicanos, se torna tentadora la idea de una posible insurrección que acabe de raíz con los problemas de fondo que caracterizan a esta nación latinoamericana. México atraviesa por uno de los periodos más convulsivos de su historia y la posibilidad de una reacción social de gran magnitud se plantea como un escenario latente, sobre todo en tiempos tan importantes de conmemoraciones y celebraciones patrióticas. Sin embargo, más allá de cuál sea el sentimiento social arraigado del mexicano en coyunturas como la actual, es preciso analizar cuidadosamente las consecuencias del riesgo que conlleva vivir en un país como el nuestro. Así, los cuestionamientos acerca de la posibilidad de un estallido social, que surgen cada día con más inquietud en la esfera pública, se tienen que responder de tal manera que se proyecten panoramas sociales objetivos y apegados a una realidad determinada por factores macro y microsociales. En éste sentido ¿se puede augurar un levantamiento social en México? es difícil dar una respuesta tajante ante tal pregunta. No obstante, podemos aproximarnos en tanto revisemos y analicemos algunas de las características de nuestro sistema político y social, además de ciertos patrones culturales del sistema mundial predominante, que influyen directamente en el comportamiento diario de los individuos.
Dentro de la estructura social mexicana, encontramos algunos aspectos relevantes en cuanto a las clases sociales se refiere. Por un lado, en México existe todavía un gran porcentaje de habitantes que viven en condición de pobreza, situación que aumentó debido a las consecuencias de la crisis económica que sacudió al mundo entero. Tenemos también unos pocos grupos que detentan el poder tanto político como económico del país, oligarquías semifuncionales que se han arraigado en los puestos de mando y conducción de esta nación. Y por último una clase social que conlleva en su esencia todos los bemoles habidos y por haber del capitalismo neoliberal, los “clasemedieros”. Estos últimos son quizá los más afectados por las problemáticas que se generan en cada dimensión del sistema, en el ámbito económico son aquellos que se encuentran en el constante vilo, en ese riesgo de la movilidad social ascendente o descendente, entre mejorar o empeorar la calidad de vida que mantienen a raya con el esfuerzo laboral y extra laboral. La clase media es la que vive “en medio” de la incertidumbre continua en periodos de desajustes económicos, sociales y políticos, por lo tanto es la que más resiente el estrés causado por la inestabilidad sociopolítica y económica que nos acontece. Tal panorama podría mostrarnos diferentes grados de indignación según la clase social a la que se pertenezca. En cuanto al proletariado mexicano, los sucesos negativos que dañan la integridad del país nos son vistos con gran alarma, ya que su status social los ha arraigado en la desesperanza, la incredulidad y en un coercitivo conformismo que la historia les ha heredado, llevando a cabo mecanismos de sobrevivencia que los mantienen al límite de su propia existencia. Las expectativas que el proletariado de éste país puede fincar en el gobierno se han disminuido con el paso del tiempo, esta clase social ha sido únicamente parte importante en el diseño instrumental del marketing político en tiempos electorales y el aparato gubernamental sólo ha sabido responder mediante la insuficiencia, intrascendencia e insustentabilidad de la asistencia social. Contrario a disminuir los índices de pobreza en México se incrementan al igual que la incapacidad y la ignorancia gubernamentales para sobrepasar este (pareciera ser) eterno problema. Dicha situación posiciona al proletariado dentro de un entorno en el que solamente se vive para sobrevivir. De esta forma, es cuasi imposible pensar que de éste sector de la estructura social pudiesen emerger aires de cambio social. Ahora bien, más complicado e irónico se ve el hecho de imaginar que la burguesía, oligarquía o los ricos de éste país se rebelen en contra de un escenario que les favorece sólo a ellos, que ellos mismos han construido y en el cual sólo ellos han progresado. Dudo mucho que alguien que nace en “cuna de oro” y que toda su vida ha girado en torno al confort, un día se sienta inconforme con lo que pasa en su nación y piense en armar una revuelta o reforma que transforme las actuales condiciones. Sin embargo, esta clase social también ha sido fuertemente golpeada por la crisis social que atravesamos, han sido víctimas de disfuncionalidades sociales que han mermado su potencial económico, desestabilizado su posición social y herido su orgullo clasista caracterizado por el poder y el dominio. Hoy algunos personajes de la burguesía mexicana han levantado la voz para exigir mejores condiciones de seguridad al gobierno, ya que han visto en peligro su capital tanto cultural como económico. Pero a pesar de estos reproches, la clase social alta en México no tiene la capacidad y la influencia necesarias para llevar a cabo una reestructuración del sistema mexicano, esto porque no representa los intereses primordiales de la sociedad mexicana y porque su distancia económica y simbólica con las demás clases sociales en México ha impedido una posible identidad nacional. No obstante, algo resulta muy provocador de todo esto, y es que ahora no existe solamente un sector de la población mexicana que reclama mejores condiciones de vida, actualmente todo habitante en el país, sea cual sea su clase social siente la inconformidad y la necesidad de verdaderos y profundos cambios sociales, políticos y económicos. Así, el proletariado y las ansias de salir de su histórica precariedad, la burguesía que ve en peligro la seguridad su capital, y la clase media que no soporta más vivir en la incertidumbre y el riesgo constantes, podrían unirse para desatar acciones predeterminadas que inciten al cambio de rumbo en la nación mexicana. Quizá la actual coyuntura nacional configure el contexto en que se produzca una insospechada unidad social que realmente pueda cambiar el presente panorama. Pero, ¿tendremos como sociedad la voluntad de arriesgarnos por nuestro país? ¿Cuánto más tendremos que soportar para de alguna forma reaccionar? ¿En éste 2010 surgirán verdaderos cambios en México? ¿Maduraremos o no como sociedad? Poco a poco el tiempo nos dará la respuesta. Sin duda, el tema que aquí se trata de abordar, requiere de un análisis multifactorial que revise todos los componentes del sistema social y político de México, pero sin temor a equivocarme, una observación a la capacidad de reacción a través de las clases sociales podría darnos una valiosa aproximación a la respuesta que buscamos.

domingo, 3 de enero de 2010

cumplimos un año

OBSERVATORIO SOCIOLOGICO DEL SIGLO XXI CUMPLE EL 4 DE ENERO UN AÑO DE EXISTENCIA. QUEREMOS ESTE 2010 CONTINUAR REFLEXIONANDO CON USTEDES Y PROPICIAR UN PENSAMIENTO QUE NOS SIRVA PARA ENTENDER MEJOR EL ENTORNO SOCIAL, TAMBIEN DARLE A NUESTRAS VIDAS UN SENTIDO MAS CONSTRUCTIVO Y MENOS CONFUSO, Y ASI, VISUALIZAR LA REALIDAD CON UN LENTE DE OBJETIVIDAD Y PASION SOCIOLOGICA EN BENEFICIO DE TODOS. GRACIAS AMIGOS.

jueves, 31 de diciembre de 2009


La bienvenida al 2010, una gran oportunidad.
José Roberto Hernández Fuentes.

Prácticamente ha culminado la primera década del siglo XXI, diez años bastante agotadores en lo físico, lo emocional, pero también en lo espiritual. Comenzamos aquel memorable año 2000 lleno de simbolismo, expectativa e incertidumbre, se decía que el mundo podía terminar, que el planeta tierra había llegado a su fase final. Dos lustros más tarde el rumor del cataclismo se sigue escuchando, inclusive se han hecho grandes obras cinematográficas hollywoodenses que nos anticipan un panorama destructivo y desesperanzador, como si ya todo estuviese perdido. En nuestra maltratada y aún noble nación mexicana, la situación no es distinta, los crudos y hasta terroríficos acontecimientos que ha vivido éste país no auguran buenas cosas para el futuro, el desaliento, la incertidumbre y la ignorancia parecen apoderarse del espíritu del mexicano. Hoy México ha tocado fondo, no hace falta esperar más momentos de desastre y deterioro social, político y económico para poder decirlo, no somos tan flagelantes para eso (realmente espero que no). Se dice que cuando se toca fondo inicia automáticamente una etapa de autorreflexión y sobre todo de acción para salir de las profundidades en las que se ha caído. Lo interesante y quizá hasta místico de todo esto, es que para la sociedad mexicana, este posible episodio de rehabilitación-recuperación llega doscientos años después de haber logrado su libertad y soberanía, y cien años después de una reconstrucción ideológica-estructural cuyos frutos sociales se han corrompido y malversado. El 2010 es una fecha crucial para esta nación, quizá ahora no podamos hablar o instar a un levantamiento en armas en contra de esas renuentes oligarquías que nos han conducido a escenarios tan lamentables como los que vivimos actualmente, como en aquellos tiempos independentistas y revolucionarios, a final de cuentas en México existe una guerra en estos momentos, en las calles, en los pueblos, en comunidades y hasta en los hogares, una guerra que no distingue ni buenos ni malos, un conflicto que lastima profundamente la vida social de los mexicanos, una guerra que no se pidió, en la que una gran mayoría no participamos, pero de la cual todos somos víctimas. El 2010 se presenta como una oportunidad, un verdadero impasse de reflexión, decisión y participación. Es cierto que ya no se tienen que utilizar las balas y los cañones para transformar este país, también es cierto que ya no hay un Miguel Hidalgo, un Vicente Guerrero, un Morelos, ni un Madero, ni un Villa, ni un Zapata, hoy no hay nadie que nos guíe valientemente hacia la búsqueda del cambio social. Sin embargo no tenemos que buscar a esos iconos revolucionarios o insurrectos, porque ya no los vamos a encontrar, la historia es celosa de sus episodios y sus momentos, y siempre tiene nuevos libretos que escribir. Ahora lo que tenemos que buscar es la capacidad, la voluntad y la identidad que como mexicanos tenemos para solidarizarnos y colectivamente logremos sacar del hoyo a nuestra patria. Honremos a aquellos grandes hombres y mujeres que lucharon por conseguir libertad y autonomía, aquellos que pugnaron por la democracia, por la igualdad y por la justicia; pero no sólo lo hagamos de palabra, que la honra a ellos no provenga solamente de sentimientos momentáneos y efímeros relativos a una fecha determinada, sino que enaltezcamos y alabemos a nuestros históricos iconos nacionales, en la práctica continua, en la constante lucha por aquellos sueños de verdadera libertad y vida democrática, en el discurso congruente con la acción, en la solidaridad social y en el amor pragmático hacia México. Que con la misma intensidad con la que celebramos un gol de la selección mexicana o un nocaut de un boxeador mexicano, trabajemos entusiasta e intensamente por la tan ansiada transformación de nuestra sociedad. Este 2010 es un año místico, en el que la historia se vuelca hacia nosotros, y nos exige demostrar que realmente hemos aprendido de sus grandes enseñanzas, una historia que nos pide dejar la hipocresía y la apatía a un lado y retomar la valentía y el coraje que la distinguió hace 200 años y nos lo refrendó 100 años después. Hoy nos da otra oportunidad, y nos regala una tabula rasa para volver a escribir nuestros anhelos y esperanzas, al mismo tiempo que nos otorga segundos, minutos, horas, días, meses, años para que logremos construir los sueños y deseos que existen en cada uno de los corazones y mentes de quienes conformamos esta nación mexicana, pero sobre todo para quienes sentimos un gran amor por éste todavía maravilloso país. No desaprovechemos esta oportunidad, y ya que si el mundo se va a acabar, al menos terminemos nuestra existencia como una sociedad con la frente en alto.
Un abrazo a todos los lectores del Observatorio Sociológico del Siglo XXI y que el 2010 sea para ustedes de mejora constante en sus mentes, en sus corazones y en sus vidas. Viva México!!!

viernes, 18 de diciembre de 2009


La necesidad y el compromiso del intelectual mexicano.
José Roberto Hernández Fuentes.

La tan recitada crisis por la que atraviesa nuestro país ha sido el tema principal en la mesa de análisis de la clase intelectual mexicana. Las razones son obvias, claras y contundentes, en seguidas ocasiones el país parece desplomarse. El miedo e incertidumbre que surge a razón de esto es por demás justificado, el futuro de la sociedad mexicana se encuentra en constante riesgo y la vida cotidiana parece ser un calvario para la ciudadanía. La inseguridad con que vive hoy el mexicano no sólo se percibe en lugares oscuros y tenebrosos, ni en colonias proletarias alejadas del desarrollo urbano a las cuales erróneamente se les atribuye la gestación del lumpen, la inseguridad que hoy en día padecemos se avista, se siente con el sólo hecho de salir por la puerta principal de nuestros hogares, ubicados estos en cualquier lugar de la ciudad y pertenecientes a cualesquier clase social. La inseguridad se ha desestructuralizado, se ha vuelto abstracta, confusa, sinuosa y abarcadora. Por otro lado, México despunta como el país latinoamericano más afectado por la caótica situación económica que sacudió al mundo entero y de la cual estamos pasando factura, un embate socioeconómico que incrementó los índices de pobreza en la nación, dejando en el vilo del desempleo a miles de compatriotas mexicanos. Dicha situación nos ha hecho repensar la viabilidad de la relación con nuestro vecino del norte y la real posibilidad de la ampliación de la perspectiva económica hacia otros lugares del mapa mundial.
La cada vez mayor desaprobación política por parte de la sociedad civil es otro tema que paulatinamente va cobrando fuerza, esperando pasar de los reproches, críticas y hasta vituperios que surgen de la esfera pública a la praxis social que detone todo el resentimiento ciudadano acumulado y exija mediante un comportamiento enérgico, activo y participativo el cumplimiento del Estado a través de una política social congruente y objetiva. Asimismo, los cuestionamientos suscitados acerca de una reforma que trastoque profundamente el sistema político arcaico que nos impera, se plantea como una de las discusiones más necesarias en la actual coyuntura política de México. A final de cuentas lo que se busca es una verdadera apertura democrática en el país, reconfigurando la relación Estado-Sociedad civil y procurando mayores alternativas ciudadanas de participación en el ámbito político. Todo esto, en términos generales implicaría la madurez de la cultura política en la sociedad mexicana, y al mismo tiempo un sistema político de vanguardia, ad hoc a las necesidades que surgen de la realidad social de nuestro pueblo.
Lo anterior es sólo un breve repaso por los primordiales tópicos de discusión que ponen a trabajar las mentes y capacidades interpretativas y resolutivas de los intelectuales mexicanos. Sin embargo, cuando me refiero a intelectuales no sólo me dirijo a los pensadores mediáticos de nuestra comunidad, sino a la gran cantidad de interesados en el presente y futuro del país, los cuales también poseen las cualidades necesarias para la observación, análisis y creación propositiva de posibles mecanismos de salida a la crisis que nos aqueja. En fin, de lo que se trata es de unir esfuerzos en la búsqueda especializada de soluciones, de un mayor compromiso intelectual con la sociedad, de buscar las alternativas de participación, de encontrar o construir espacios para la canalización y presentación de ideas y propuestas que mantengan viva la esperanza de una mejor nación mexicana. Se trata pues de Sentir, Observar, Pensar, Crear y Decidir sobre el rumbo que debe tomar el progreso nacional en un contexto enteramente democrático.

lunes, 14 de diciembre de 2009

La calle y la identidad social.
José Roberto Hernández Fuentes.


Dentro del contexto urbano podemos encontrar una gran variedad de elementos con los cuales podemos referenciar la ciudad. La industria, la densidad poblacional, la concentración de los recursos, la marcada planeación y organización de la vivienda, la segmentación social y auge del transporte, son algunos de los aspectos que caracterizan la vida en la ciudad. Sin embargo, existe un elemento simbólico y funcional que ha tomado gran importancia desde el surgimiento del espacio urbano como lugar preponderante en el desarrollo de la vida social, la calle. Si bien es cierto la calle no es un elemento exclusivo de la ciudad, también lo es hasta la formación de las ciudades cuando comienza a cobrar real importancia, esto por los efectos de la planeación, organización y distribución de la población en los contextos urbanos. De esta manera, la calle surge como uno de los aspectos más característicos de la ciudad, sin embargo, por su cualidad meramente física, distributiva y orientativa no se le ha considerado como posible factor de análisis que pueda ayudar a la comprensión y solución de las diversas problemáticas surgidas en el transcurso del desarrollo de la vida social en la ciudad.
La importancia de la calle como elemento trascendente del espacio urbano y más aún como punto de encuentro de los entes sociales o bien de los ciudadanos, cobra gran trascendencia al momento de indagar posibles causas que afecten la cuestión de la identidad social. A pesar de que existen instituciones sociales que pueden llevar a cabo la tarea del fomento de la identidad, el ritmo de vida tan acelerado y vertiginoso de la actualidad conlleva a que la interacción de los individuos pertenecientes a una misma comunidad o sociedad, se efectúe de manera directa o indirecta en las calles.
Dentro de la teoría sociológica la cuestión de la identidad social sólo se observa a través de las instituciones sociales tradicionales como la escuela, la familia, el gobierno y en ocasiones hasta la iglesia, dejando de lado algunos elementos que son parte intrínseca de la cotidianidad del sujeto. En la dinámica urbana, una de las dimensiones interactivas de los individuos es la calle, la cual ha sido percibida únicamente como aspecto trivial del desarrollo de la vida cotidiana obviando su valor simbólico para el establecimiento de relaciones sociales que busquen la identidad urbana en un contexto propiamente urbano. Por desgracia en nuestra ciudad, la calle es también simbolo de criminalidad y abuso.