viernes, 21 de agosto de 2009


La naturaleza en la sociedad de la información.
Cristina Gándara Gordillo.*


Desde la sociedad industrial y enfatizado en la actual sociedad de la información, la tecnología esta afectando cada vez a la naturaleza. Se genera una cantidad enorme de desechos químicos, basura y aparatos que tardan muchísimo en degradarse y ni que decir de la destrucción de los recursos naturales. Entonces comienzan a surgir conceptos como ecología, desarrollo sustentable, reciclaje etc. Surge la moda de cuidar la naturaleza, el bombardeo de comerciales que nos dicen que consumamos ciertos productos por que así cuidamos el medio ambiente y todo eso que parecen falacias orientadas a que pensemos que el salvar al planeta depende de nosotros, de las masas. Creo que esto no es así, el dejar de destruir al planeta depende de unos cuantos, de los dueños de las multinacionales que son los que han generado una barbaridad de productos que nos venden de formas y con métodos increíbles con el discurso de que son necesidades que debemos satisfacer, necesidades creadas, defendidas y solucionadas por ellos. Las fábricas sean de lo que sean y la contaminación y daños que producen al medio ambiente, no se comparan con la que producen las personas comunes. Nos dicen que la basura que generamos esta terminando con el planeta, pero esa basura se generó por tantos productos que consumimos ¿por decisión?, ¡no! mas bien ¡Qué nos hacen consumir! Y entiéndase esto como una manipulación inconciente a la que somos sometidos para consumir y que esta implícita en todo el entorno que nos rodea y en el que nos desenvolvemos: calles, medios de comunicación, centros de diversión, escuelas, trabajo, etc. Si las grandes compañías producen es porque nos van a vender a como de lugar sus mercancías, entonces si no quieren que generemos basura, ¡dejen de producir!, en ellos esta la mayor solución a los problemas de contaminación. Hay muchísimos productos no indispensables que si dejaran de producirse ayudarían a disminuir en gran medida la contaminación del planeta y aseguro que no serían causa de alguna muerte humana por la insatisfacción de una necesidad vital. Obviamente es importante que nosotros tengamos conciencia de que sí podemos poner nuestro “granito de arena” y así sentirnos mejor al estar contribuyendo con la protección del medio ambiente, aunque como siempre la “playa completa” la hacen, la manejan y es de unos cuantos.¨

*Estudiante de la Lic. en Educación en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.

domingo, 12 de julio de 2009



José Roberto Hernández Fuentes---------------------


Las elecciones pasaron, el abstencionismo y el anulismo se presentaron, y el pasado…se hizo presente.


México acaba de vivir un proceso electoral en donde se “renovó” la Cámara de Diputados o bien la cámara baja. En estas elecciones como en las anteriores se presentó un alto porcentaje de abstencionismo por parte de la ciudadanía. Escuchando datos a través de los distintos medios de comunicación se informa que de los 77 millones de personas inscritas en el padrón electoral sólo acudieron a votar 34 millones, es decir menos de la mitad. Otro fenómeno que se suscitó en este proceso electoral fue el llamado voto nulo. Los informes arrojan porcentajes que van desde el 5 al 8 por ciento de votos anulados por parte de la ciudadanía que acudió a las urnas, nada mal para un fenómeno electoral que recién comienza a tomar fuerza en el país.

En lo que se refiere al abstencionismo y el porcentaje que obtuvo en estas elecciones, no queda más que resaltar los aspectos negativos de este comportamiento del electorado que de alguna manera se justifica tanto para bien como para mal, y es que la causa de éste fenómeno no puede ser atribuida exclusivamente a una simple actitud apática de la sociedad civil en cuanto a su participación política se refiere, sino también al desarrollo de los partidos políticos y su disfuncional relación con el electorado y en general con la sociedad mexicana. Como lo he mencionado en opiniones anteriores y como se ha manejado reiteradamente en la esfera pública, el tema de la política en México y sus principales actores es uno de los que más denostaciones emite en cada conversación que lo refiere. Corrupción, impunidad, negligencia, abuso de poder, demagogia, traición, soberbia entre otros son algunos de los principales calificativos que distinguen hoy en día al sistema de partidos y quienes lo componen así como algunos o muchos de los funcionarios públicos que laboran en cualesquier institución estatal (tal es el caso del IMSS, sólo por citar un ejemplo). La poca transparencia de la política, la falta de ética y de compromiso de algunos políticos y la insensibilidad del progreso nacional en todos sus ámbitos envisten parte de la razones o motivos por los cuales grandes sectores de la sociedad civil dejan de participar en la vida política de México. Sin embargo, a pesar de los argumentos que se puedan presentar a favor del abstencionismo, éste no deja de ser un gran limitante para el desarrollo democrático y político de nuestra nación. El abstenerse de votar sólo refleja la degradación de la cultura política dentro de la sociedad mexicana e implica y denota además de apatía, un extraño conformismo con la situación actual así como un entreguismo de nuestra vida democrática a aquellos quienes se encuentran en posiciones de poder bajo la insignia de la representación popular. Quizá el abstencionismo también sea causado por la ignorancia acerca de las vías de participación ciudadana y al mismo tiempo sentirse atado de manos al no saber como aportar objetiva y productivamente algo para la construcción de una verdadera democracia en el país. Esto último basándose en la creciente incredulidad de la fiabilidad de los procesos electorales históricamente controvertidos y oscuros. Éste negativo fenómeno tiene que derrotarse, y sólo a través de la información, de la transparencia y de una política congruente y efectiva que este acorde a una realidad social puede lograrse, pues la veracidad y factibilidad de estos argumentos devolverán la credibilidad a la sociedad civil mexicana respecto a sus sistemas político y de partidos.

El voto nulo fue otro aspecto que hizo eco en estas pasadas elecciones federales. Algunos sectores de la población mexicana se pronunciaron a favor de esta opción electoral, varios intelectuales del país también hicieron su labor apoyando dicha alternativa, expresando varios argumentos por los cuales anular el voto sería una elección justa, valiente y efectiva. Prácticamente todos los partidos políticos y sus principales personajes se pronunciaron decididamente en contra del este anulismo electoral, ya que según ellos atentaba gravemente la democracia en México, en general todos los argumentos que provenían de ellos partían de ese principio general. Lo cierto es que el voto nulo fue una verdadera forma democrática de expresar el sentir de la ciudadanía, de hacer notar el cansancio, el fastidio y el hastío que produce la actual manera de hacer política en México. Más allá del pesimismo de algunos respecto a este tema, el voto nulo tuvo éxito en su, digamos, primera incursión dentro de los procesos electorales, de hecho tuvo bastante que ver con los radicales resultados que obtuvieron los principales partidos políticos mexicanos, además de no permitir que un partido como el Social Demócrata (PSD) alcanzara el porcentaje necesario de votos para lograr el registro como tal. Pero lo más importante de todo esto no consistía en desestabilizar o mermar las cantidades de votos que pudieran obtener los partidos políticos, sino en hacerles saber a esos mismos partidos que poco a poco la sociedad civil mexicana comienza realmente exigir de manera democrática cambios trascendentes que verdaderamente vayan en dirección hacia un progreso nacional en todas sus dimensiones. En esta ocasión el voto nulo sólo se presentó como un llamado de atención al sistema de partidos y en general al sistema político mexicano, pero si las cosas siguen sin mejorar o al menos no se lleguen a ver esfuerzos reales por parte de quienes gobiernan este país, el voto nulo tomará más fuerza y por ende los resultados serán más contundentes. Una buena noticia para los que optamos por anular nuestro voto, no hemos fracasado.

Debido a los resultados de estas pasadas elecciones, la Cámara de Diputados ha cambiado su conformación. Hoy volvemos a tener mayoría priísta en el Congreso de la Unión, el Partido Revolucionario Institucional aprovecho la coyuntura política por la que atraviesa el país e inteligentemente se logró ubicar en las preferencias de los votantes. El lema “nosotros si sabemos gobernar” fue el eslogan de campaña de los priístas que hoy vuelven a ubicarse como la primera fuerza política en México. Pero, ¿verdaderamente saben gobernar? para contestarnos esa pregunta es oportuno acudir a los anales de la historia y revisar lo que hicieron durante décadas los gobiernos de este partido político, destacando algunos años realmente lamentables que durante sus gestiones experimentó la nación, personajes políticos tan desagradables que sólo mencionarlos no merece la pena. Es realmente una desfachatez que se atrevan a decir que “si saben gobernar”, cuando todos hemos sido testigos del poco o nulo progreso que el país tuvo durante esos 71 años de gestión ininterrumpida, cuando naciones como Brasil y Chile se han logrado desarrollar en mucho menos tiempo. Entonces a que se refieren con “saber gobernar”, realmente es muy lamentable escuchar eso. Esperemos que éste partido haya aprendido la lección y en esta nueva oportunidad haga bien las cosas y deje de lado sus intereses partidistas que siempre lo han caracterizado.

El Partido Acción Nacional es hoy el gran derrotado, muy poco le duro el gusto de ser la mayoría en el Congreso, no supo manejar ese privilegio político. La situación que vive el país en la actualidad con la delincuencia a tope y la corrupción al descubierto, aunado a las condiciones económicas mundiales son dos grandes retos que el panismo ha batallado para afrontar. Las legislaciones panistas no han logrado echar frutos, las reformas no avanzan y el país sigue estancado. Además en estas elecciones el PAN sufrió de fuertes exposiciones de corrupción por parte de algunos de sus personajes políticos, lo cual lo llevó a un desgaste más fuerte que la sociedad civil no toleró. Al mismo tiempo su presidente Germán Martínez Cázares no manejó con inteligencia y prudencia la campaña panista, ya que al caer en ese juego de “dimes y diretes” con el PRI, dejó de lado la propuesta política y por ende su plataforma electoral. Esa estrategia ya no funciona, ya no atrae gente, todos en México sabemos de sobra que cada uno de los partidos políticos tienen su “cola que le pisen”, por favor, ya no caigamos en esas bajezas políticas. En fin, parece ser que el panismo vuelve a su realidad, y quizá le den el golpe final en las siguientes elecciones presidenciales. Es una pena.

Por último, lo que se conoce como la izquierda política en México, es decir el Partido de la Revolución Democrática (PRD) fue sacudido hasta los huesos en estas pasadas elecciones. Es de nuevo la tercera fuerza en el Congreso y esto gracias a la ayuda de partidos como el PT y Convergencia, pues sin ellos quien sabe de que estaríamos hablando en estos momentos. Sus incurables fracturas internas, sus desafortunados escándalos en las tribunas de las Cámaras y el desgaste continuo de su principal figura política Andrés Manuel López Obrador, llevaron al partido a desaprovechar su antigua posición política y caer rápidamente a ese agrio tercer lugar. La izquierda política sigue sin tomar fuerza en este país, sus ideólogos deben replantearse su futuro y tomar acciones que lleven a esos partidos políticos a lugares importantes y decisivos dentro de la política nacional, pero sobre todo deben procurar el no volver a dejar ir las oportunidades y mucho menos la confianza del pueblo.

Así las cosas en la política nacional mexicana. Pareciera que todo vuelve a la normalidad y las piezas se vuelven a acomodar después de un efímero intento por reconfigurar la estructura política. La situación no ha cambiado, que era lo que se buscaba, quizá empeora, no lo sabemos, sólo lo sentimos. Por tal razón una parte de la sociedad mexicana vuelve a darle el voto de confianza al pasado priísta. El panismo no ha funcionado como se esperaba, el perredismo no se ha logrado arraigar y el priísmo inteligentemente aprovecha esos errores. El pasado hace eco en nuestro presente, reflejando y haciéndonos saber que lamentablemente México carece de alternativas políticas reales y convincentes.

martes, 16 de junio de 2009


A propósito de la política y de las elecciones en México.
José Roberto Hernández Fuentes.

En tiempos de contienda electoral, los partidos políticos en México han desatado como siempre una guerra sucia, una batalla política donde el armamento esta representado en la denostación política del contrincante, en spots publicitarios que están llenos de todo menos de propuesta, de realidad social, de urgencia nacional. En ellos sólo encontramos degradaciones, penas ajenas, corrupciones expuestas, desnudez política, en fin todo un cúmulo de aspectos que denotan el pudrimiento de nuestro sistema de partidos.

El discurso político en este país se encuentra tan desgastado como el jabón de un baño público, tan agotado como un individuo moribundo, tan nefasto como la mentira y tan repetitivo como el guardarropa de un superhéroe. Las propuestas emanadas de esa gran palabrería adornada por la declamación son sólo parte de un cortejo que pretende seducir a la sociedad, que aprovecha la coyuntura social para obtener votos, para llegar a ese curul, a esa gran cámara, a ese avergonzante espacio de deliberación política, a esa irónica agora privada que se ha convertido en el gran ejemplo de la incongruencia, de la desfachatez.

El político mexicano es hoy un personaje perdido, que carece casi completamente de credibilidad, que adolece de compromiso y al que le sobra la soberbia. Los partidos políticos mexicanos, sean éstos grandes, medianos o chicos son ahora objeto de reclamos, de culpas, de señalamientos negativos, de incredulidad y de tragicomedias. Ya no son más dignos representantes de los intereses de la sociedad, del pueblo, de México, han caído en el abismo de la codicia y de la ambición por el poder, se enfrascaron en una riña retórica absurda e improductiva, demostrando así su incapacidad propositiva y su falta de sensibilidad ante la realidad social que vive el país. No se avizoran soluciones que den salida a la problemática nacional, que llenen de esperanza a la sociedad mexicana, el futuro es incierto, el presente cala hasta los huesos y el pasado parece volver a tomar las riendas del sistema político. Tal vez llego la hora de liberarnos del espectro de la falsa democracia y plantear una verdadera, real, empírica y arraigante.

El voto nulo puede ser una buena opción de exigir democráticamente cambios en la conducción de este país, no lo sabemos a ciencia cierta, pero hay que intentarlo, hay que experimentar sociopolíticamente, hay que hacer algo, hay que despertar como ciudadanos. La sociedad mexicana no se distingue por contar con una cultura política participativa, situación que a llevado (entre otras cosas) a obtener pobres resultados políticos y una vaga e irresponsable relación entre Estado y sociedad civil. Sin embargo, la oportunidad se nos presenta, la alternativa es una opción manifiesta y el resultado puede ser una fiesta.

Cuando las palabras son traicionadas por las acciones, la intrascendencia se apropia del ser. No sólo hablemos de democracia, hagamos democracia.

domingo, 24 de mayo de 2009

FELICITACION




OBSERVATORIO SOCIOLOGICO.....
felicita a José Roberto Hernández Fuentes por ser considerado alumno destacado de Sociología en la UACJ. Dicho reconocimiento lo otorga la Universidad cada semestre a los mejores estudiantes de esta institución. Enhorabuena y felicidades¡¡¡

miércoles, 6 de mayo de 2009


De la utopía a la realidad, un hombre en transición.
José Roberto Hernández Fuentes.


Cuando un ciudadano ejemplar en términos cívicos y éticos, responsable social y políticamente, comienza a visualizar y, más aún sentir en el transcurso de su vida cotidiana las consecuencias de las maniobras políticas corrompidas del régimen y quienes lo componen, inicia una fase de descontento y recriminación hacia su sistema político y las formas o maneras en que éste procede, marcando grandes desigualdades sociales en cualquier dimensión, marginando a una gran mayoría de personas y beneficiando a pequeños grupos que con frecuencia son poseedores de poder económico, argumentando ésta crítica y resentimiento en su pulcritud civil.

Bajo éstas características, nacen, por lo general desde las clases medias y bajas, propósitos de cambio, de reestructuración política, de erradicación de la corruptela, en sí todos esos males sociopolíticos que impiden el desarrollo social equitativo y justo, propósitos que se originan del colectivo y que encuentran en un líder ese representante que lleva consigo todas las peticiones, ilusiones y proyecciones de un gran número de individuos que ponen su futuro en manos de aquel quien les ha prometido, casi jurado, que la situación cambiará.

Sin embargo, las buenas intenciones, el arrojo en pro de la justicia social y, sobre todo, esos valores cívicos y éticos que ese representante de los intereses sociales justos y limpios lleva consigo, enfrentarán una dura prueba cuando éste ingrese en el terreno de la guerra política, la guerra por el poder, donde la ambición y la tentación disfrazados en las vestiduras de la demagogia y el benefico personal sin escrúpulos, son enemigos bastante poderosos que habrá que derrocar. Enemigos sociales construidos en el desarrollo de la historia humana, por los mismos hombres que fueron cegados y encerrados en la egolatría de sus vanidad, en los placeres del poder y del dominio, que de lo carismático, lo tradicional y lo legal se ha ido transformando en autoritario, coercitivo y traicionero.

Es difícil ingresar a la batalla política siendo sólo un único representante, sin el apoyo físico y tangible de los que se representa, pero más aún, sin la vigilancia que excluye la confianza de la creencia y la supuesta identidad colectiva, es complicado, difícil, sino imposible luchar contra seducciones que embriagan, que marean, que proyectan al hombre como único poseedor del poder y del dominio sobre los demás.

Así pues, la política, su sistema y su régimen absorben hasta la última gota del compromiso y justicia social de los representantes políticos, dejando seca la corriente de ideas, propósitos y objetivos honestos, dignos y humanitarios que alguna vez fueron los que le dieron vida a los sistemas social y político.

viernes, 1 de mayo de 2009


Un punto de vista sobre la educación y su importancia para el desarrollo social.
José Roberto Hernández Fuentes.

Para que una sociedad se sostenga y evolucione generación tras generación, es elemental la existencia de un factor que permita ese mantenimiento y ese progreso. A través de todo el pasaje histórico de la humanidad y su conformación en sociedades diversas, se encuentra un elemento que ha impulsado a los individuos a desarrollar las aptitudes necesarias para su supervivencia y convivencia, éste es, su capacidad cognitiva y la aplicación de ésta en los mecanismos que le han brindado la posibilidad de dominar la naturaleza y organizarse socialmente según las características espacio-temporales de cada periodo histórico, transmitiendo estos conocimientos a las nuevas generaciones y éstas últimas a la vez perfeccionándolos. Se trata entonces de lo que conocemos como educación, ese proceso de adaptación de los individuos a su sistema social a través de la socialización con el medio ambiente y sus características, ese aprendizaje de los patrones culturales establecidos y de las normatividades sociales históricamente consensuadas y continuamente negociadas conforme la tradición se enfrenta a la modernidad. Es la educación la que ha llevado a las sociedades a reproducirse constantemente y en ocasiones a modificarse, o mejor dicho, a reformarse. Es la educación uno de los principales aspectos de los que depende en gran medida el sueño de la transformación, el sueño del humanismo.
Sociología de la educación es una de las áreas de la ciencia social que debe cobrar mayor relevancia en los estudios sociológicos, ya que constituye el valioso análisis de uno de los principales elementos sustentadores de la sociedad y un potencial factor de cambio de la misma, por lo tanto, los resultados que surjan de los estudios socioeducativos serán claves para la elaboración de propuestas que vayan encaminadas a la mejora del sistema educativo en todos sus aspectos.

La educación como vía de cambio social.
Existen en el mundo grandes marginaciones y discriminaciones sociales, gente que por diversas causas se encuentra en una situación de exclusión y alejada de toda posibilidad real de desarrollo, olvidados en las periferias urbanas y en las zonas rurales distanciadas del desarrollo industrial de la cuidad. Estos individuos son parte de los resultados del proceso de globalización económica y del sistema neoliberal, resultados que no son expuestos como tales, sino como la consecuencia de aquellos que no se adentraron en la vorágine de estos fenómenos económicos, como si esto se tratara de voluntades personales y no de condiciones estructurales. Si bien esta situación de rezago social se encuentra en todo el mundo, existen lugares en donde se enfatiza más este penoso y deshumanizante hecho. Latinoamérica, África y una gran cantidad de países asiáticos, son zonas en donde la exclusión social se ha presentado en grandes magnitudes, el desarrollo económico no ha alcanzado a cubrir muchas de las regiones de éstos continentes dejando a millones de personas al margen del progreso, aunado a esto, el hecho que las políticas gubernamentales en materia de lo social no han sido lo suficientemente contundentes para subsanar en cierta medida la necesidad de todos aquellos que viven en condiciones precarias, haciendo más complicada y lejana la posible solución al problema.
Lo anterior aborda precisamente una de las principales tareas de la sociología, ya que además de dar a conocer y explicar las causas de dichos acontecimientos, es de gran importancia para el sociólogo la formulación de propuestas que ayuden a plantear posibles salidas al oscuro laberinto del rezago y la exclusión social. Es entonces donde se presenta la alternativa de la educación como posible vía de cambio para muchos de los individuos situados en la pobreza, ese acceso a nuevos conocimientos que les de la oportunidad de enfrentarse a las difíciles circunstancias actuales de la vida de una manera mucho más capacitada y donde se abran las posibilidades de inmersión al mercado laboral.
La educación es un elemento que se encuentra inmerso en todos los sentidos y espacios de la vida social, pues desde que nacemos hasta que parecemos nos encontramos en un continuo proceso de socialización, que inicia desde la familia y se sucede en todos aquellos espacios de desenvolvimiento social en los cuales nos involucramos, motivo por el cual nos encontramos en una constante recepción de elementos que nos permiten adecuarnos de la manera más convencional posible a los estándares de comportamiento que se establecen en la dinámica social.
Sin embargo, a través del desarrollo evolutivo de la historia, la educación se ha ido institucionalizando, ya que la sociedad se ha visto en la necesidad de crear un sector específico donde se transmitan de manera especializada todos aquellos elementos epistemológicos que surgen del la misma evolución humana en todas sus dimensiones, sean éstas sociales, culturales, políticas y económicas, y su continua reflexión de los factores que constituyen las mismas, en pro de su progreso y perfección. En este sentido, el sistema educativo ya institucionalizado también tiene la tarea de transmitir los valores éticos y cívicos que favorezcan una vida social estable y apegada normas de conducta y comportamiento previstas para evitar posibles conflictos y desviaciones por parte de los individuos. Estás son algunas de las razones por las cuales podemos observar que la educación se encuentra vinculada en todos los aspectos de la vida social del ser humano.
Así como la educación es un elemento fundamental en la formación integral de todo ser humano, es necesario que ésta sea un derecho al cual todos tengamos acceso sin distinción alguna. Lamentablemente hemos sido testigos que en algunas partes del mundo, principalmente aquellas zonas del mapa geográfico denominadas antiguamente por los economistas, “del tercer mundo”, ahora llamadas “en vías de desarrollo” o “emergentes”, la entrada del Estado Neoliberal y sus características, ha producido el rezago económico de muchos habitantes de esas regiones del planeta, a los cuales les es casi imposible accesar al sistema educativo y sus diferentes niveles, debido a las exageradas cuotas establecidas para ingresar a una determinada institución educativa además de los recursos instrumentales necesarios y requeridos. Generando así altos índices de analfabetismo y marginación que tanto afectan al progreso de una nación.
Por otro lado, existen dentro de los estratos sociales la denominada clase media que a su vez se divide en alta y baja, dependiendo ciertos parámetros de tendencia económica y posición social. Para los que pertenecen a alguna de estas clases sociales, el acceso a la educación es más factible, pues cuentan con recursos económicos necesarios para su ingreso al sistema educativo y sus exigencias. A pesar de esto, las clases medias siguen estando sujetas a los dictámenes del mercado, razón por la cual, no existe la libertad de elegir una carrera profesional del gusto personal de cada individuo (esto en el caso de que se logre la posibilidad que una persona de clase media adquiera estudios superiores), sino tienen que ajustarse a lo que en la actualidad mercantil, les brinde los suficientes conocimientos para llevar una vida económicamente digna, lo cual parece es lo único que importa.

Conclusiones.
Es importante entonces, que los gobiernos en su capacidad de ejecución de políticas y la sociedad en su capacidad de exigencia y presión, conduzcan a una democratización de la educación, proceso mediante el cual todos los integrantes de una sociedad así como los futuros venideros, tengan y cuenten con la garantía de la educación institucionalizada, pues es cuestión de observar cómo los países con más altos índices de democratización, transparencia y progreso (tal es el caso de naciones nórdicas como la finlandesa), han implantado la formula que los ha proveído de ese éxito, la cual es, educación*educación*educación.

martes, 17 de febrero de 2009







Pensar la ciudad, sentir la ciudad
Dr. Jesús Alberto Rodríguez Alonso

Foto: Samuel F. Velarde

“…si un día la prudencia me abandona -¡ay, le gusta escapar!-
que mi orgullo vuele junto a mi locura.”
F. Nietzsche


Si partimos de la idea clásica de que pensar es “pesar”, poner en la balanza algo y verificar su gramaje, pues entonces en definitiva es muy pertinente pensar nuestra ciudad, pesarla, verificarla. Por supuesto que llevar a cabo tal acción implica contar con una medida común, o al menos, generalmente aceptada, de tal manera que sea entendible para la mayoría. Poner en la balanza la ciudad, nos lleva a plantearnos al menos dos cuestiones, por un lado la ciudad la podemos pesar en términos de nuestra racionalidad y por otro podemos pesarla a partir de nuestros sentimientos; pensar y sentir son dos actos abstractos que se llevan a cabo, al menos en la idea general, el primero con el cerebro y el segundo con el corazón.

Las dos abstracciones mencionadas conviven y se desarrollan de forma constante en cada uno de los seres humanos, tanto en su cuerpo aislado, como en la comunidad de cuerpos con los que interactuamos, y es en esta interacción de cuerpos –pensamientos y sentimientos- donde realizamos las acciones que hacen que una ciudad no sólo sea el espacio o el territorio donde nos asentamos, sino que precisamente la ciudad no solo es el territorio sino también y sobre todo nuestras acciones en tanto pensamientos y sentimientos respecto a esa espacialidad, los cuerpos que habitamos un territorio cultivamos sentimientos de aprecio, desprecio, amor u odio, tristeza o alegría, entre tantos más; igualmente generamos pensamientos de compromiso, confianza, esfuerzo y expectativas.

Los pensamientos y sentimientos, tanto en un sentido puro, aunque esta pureza sea mínima, o mezclados; pueden ser visualizados en tanto las acciones que se ejecutan. Por ejemplo si en este espacio-ciudad ejecutamos la acción de dejar que los representantes populares hagan lo que les venga en gana, entonces esa acción de abandono puede ser una manifestación de un sentimiento o un pensamiento de desesperanza, tristeza o impotencia; cabe recordar que las acciones no se generan en la nada sino que son motivadas, en la mayoría de los casos, por otras acciones, y a su vez las acciones desatan más adelante nuevas acciones.

Retornando a nuestro ejemplo, la acción del abandono – que algunos llaman la no acción- por parte de los cuerpos ciudadanos respecto a los representantes populares, generan en estos representantes, pensamientos y sentimientos que les llevan a ejecutar actos que van desde el desgobierno, en tanto que no realizan lo que debieran realizar conforme al papel que las instituciones les especifican, hasta actos autárquicos que degeneran en acciones –sentimientos y pensamientos- que debilitan o anulan las interacciones sociales que benefician y fortalecen la civilidad; la ciudad entra en una serie de acciones de desgobierno, ya no sólo institucional sino de su propia corporeidad, diríamos que la ciudad se convierte o corre el riesgo de convertirse en un espacio sólo de uso, dejando a un lado las acciones que fortalecen los sentimientos y pensamientos de compromiso, lealtad, respeto y esperanza; en la medida que los representantes populares desdeñan las acciones que debieran realizar, lleva a los habitantes a generar también, actos de abandono y desgobierno; se da una transición de cuerpos de la ciudad –ciudadanos- y pasan a ser una especie de extranjeros o simples pasajeros de este espacio, de esta ciudad.

Lo paradójico de esta situación es que en la mayoría de los casos estos habitantes ni tienen los recursos, tanto económicos como sociales y políticos, para dejar esta zona de desesperanza e inseguridad; cayendo en el círculo vicioso de las aves de rapiña: revolotear alrededor del cadáver putrefacto, a sabiendas de que es ella misma un cuerpo que luego estará pútrido. Tal es el caso de aquellos que tienen grandes recursos económicos y de aquellos que andan en busca de ellos, a costa de las transgresiones que sean; por supuesto que esos privilegiados económicos llevan una enorme ventaja respecto a la mayoría: pueden cambiar de residencia con suma facilidad, si el territorio no da para más, basta con emigrar.

Retomando la idea inicial: pensar la ciudad, sentirla. Los cuerpos ciudadanos en verdad que tienen en su haber una serie de amplias posibilidades, como punto inicial: basta con pensar diferente, sólo que pensar y sentir de forma diferente implica acciones distintas; lo digo no únicamente de forma idílica sino como una realidad que se ha visualizado en otros espacios; en la medida que nos autogobernemos, en ese grado podremos exigir un mejor gobierno para la ciudad. En tanto que dejemos al lobo suelto en el corral, el rebaño se verá medrado, en esa medida las ovejas empezarán a aullar, aunque sin garras y sin colmillos, pero bajo el influjo del cencerro que las lleva ordenadamente al sacrificio. ¿Cómo cambiar a la ciudad? Pensar de manera diferente y sentir no solo con el corazón, es una buena forma de iniciar cambios, sentir y pensar desde otras perspectivas permitirá a su vez acciones diferentes. ¿Ideal? Tal vez; ¿sencillo? Tampoco; pero realizable. Nos encontramos en el punto en que podemos virar y evitar que el grueso de la sociedad pierda su razón de ser, un conjunto de cuerpos-ciudadanos sin nada que perder es mucho más peligroso que uno pensante.